Antes de embarcar en nuestro crucero, pasamos 3 días en Roma.

Lunes 28 de agosto:

Tomamos un vuelo temprano de Valencia a Roma. 38º C (100º F) nos estaban esperando. Nota para mí mismo, aunque ya lo sabíamos: tratar de evitar Roma en agosto.

Afortunadamente nos alojamos en el hotel Eden (de la Dorchester Collection). Acaba de ser completamente renovado, y han hecho un trabajo maravilloso, manteniéndolo clásico y elegante, sin la decoración anticuada del pasado.

Como habíamos estado en Roma muchas veces antes, decidimos aventurarnos sin investigar o un plan específico. Lo que no habíamos anticipado era que tantos lugares, en particular restaurantes, estuviesen cerrados en agosto. Para comer terminamos en una trattoria decente. Por lo menos no era una ‘trampa para turistas’.

Despertarse antes del amanecer y viajar a una ciudad que requiere mucho caminar nunca es una buena idea, así que dormimos una siesta antes de salir del hotel de nuevo, esta vez habiendo realizado una reserva para cenar. Finalmente pudimos probar un restaurante que teníamos en nuestra lista de viajes anteriores: Ditirambo. Merece la pena.

Para terminar el día en una nota muy romana, nos embarcamos en una misión: encontrar el mejor gelatto en Roma. Nuestro primer candidato fue sugerido por mi cuñado, y varios sitios web: Giolitti. ¿Se cumplieron las expectativas? ¡Absolutamente! Increíble variedad de sabores, y como ventaja añadida, pude por fin probar la sfogliatella napoletana a sugerencia de mi esposa. ¡Me conoce bien!

Por la noche, una vez superamos el desconcertante desafío del sistema de interruptores de luz de nuestro tecnológico y moderno hotel, dormimos como bebés, en una de esas camas tan altas y gruesas que te hace sentir como si hubieses caído en arenas movedizas.

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Martes 29 de agosto:

Comenzamos el día desayunando en Il Giardino, uno de los restaurantes del hotel, que tiene una de las mejores vistas de Roma.

Todavía hacía calor, 36º C (97º F), pero ya que íbamos a pasar el día en dos museos (que según su página web disponen de aire acondicionado) decidí llevar pantalones largos y camisa de manga larga. Craso error.

Una emergencia médica con el ojo de Stephanie (nada grave, pero doloroso y extremadamente molesto para ella) significó que nos demoramos en llegar al primer museo, pero la salud es lo primero y cualquier otra cosa es secundaria.

Llamamos al conserje para preguntar por un oftalmólogo, ya que es agosto y la información on line puede que no esté necesariamente actualizada. El conserje estaba ocupado, así que alguien tomó nota de nuestra solicitud. Unos minutos más tarde, el conserje nos llamó: ‘¿cuántos adaptadores necesitan?’ Nos reímos. De algún modo, «oftalmólogo» (‘eye doctor’ en inglés) se había convertido en «adaptador» (‘adapter’). Nos explicó la situación de nuevo, y nos pidió esperar unos minutos para conseguir la información.

Después de más de media hora, llamé al conserje de nuevo. Ocupado. Así que bajé al vestíbulo. Ocupado. Finalmente, cuando hablé con él, entendí el retraso: había solicitado que el médico viniese al hotel, y estaba esperando que se lo confirmaran. Le expliqué que no sería necesario, ya que podíamos perfectamente caminar hasta el consultorio del médico.

Al final, decidimos ir a la farmacia, comprar gotas para los ojos y un parche, y marchar. Así es mi esposa: fuerte y tenaz.

Fuimos a los Musei Capitoline primero. Bastante agradable … una vez que te sobrepones a lo malos que son sus planos, señalización y audio-guía. Hay muchas obras clásicas romanas, especialmente esculturas, que son, después de todo, copias de los griegos. Sin duda interesante, pero no es un museo que necesites visitar dos veces.

Justo después del Capitoline, decidimos aventurarnos e ir directamente al MAXXI (Museo del arte del siglo XXI). Realmente genial tanto arquitectónicamente (diseñado por Zaha Hadid) como desde el punto de vista de las exposiciones. Por cierto una de ellas era una retrospectiva de la obra de Zaha Hadid que tanto a mi esposa como a mí nos gusta mucho. Las otras dos exposiciones que disfrutamos fueron el activismo político juguetón de Piero Gilardi en ‘Political Animation’ y ‘Nature Forever’, y las interesantes ideas y ‘rayajos’ de Yona Friedman.

Para la cena fuimos a otro restaurante en nuestra lista, sólo para encontrar un cartel en la puerta que decía ‘cerrado en agosto’, así que fuimos al segundo en la lista. Sin cartel en la puerta. ¿Buena señal? Esperamos más de media hora hasta que nos dimos cuenta … no van a abrir. Así que nos fuimos a un restaurante que ya fuimos la última vez que estuvimos en Roma, ya que todavía recordábamos sus flores de calabacín rellenas de queso ricotta: Renato y Luisa, y fue tan delicioso como era la última vez. De camino paramos en el santuario de los gatos a decirles hola a los gatos… evitando los borrachos meando en las paredes.

Finalmente, antes de regresar al hotel, agotados, hicimos una parada final en el segundo contendiente para el mejor gelatto de Roma: Come il latte. Un lugar más nuevo, con cola en la puerta, aunque no esté exactamente cerca del centro de la ciudad. Estaba delicioso, especialmente la avellana. Pero ambos estuvimos de acuerdo en que Giolitti era aún mejor.

Miércoles, 30 de agosto:

Después de un buen desayuno, cogimos el tren a Civitavecchia. Normalmente tomaríamos un coche privado, pero queríamos ver si esto era una alternativa viable para los clientes de mi esposa.

Después de tener que averiguar cuál de los diferentes operadores de tren había que elegir para comprar el billete, recorrer un trecho muy largo hasta la plataforma correcta, y la confusión de taxi-autobús en la estación de Civitavecchia, acordamos algo que ya sabíamos: los clientes de mi esposa sin duda necesitará un servicio de coche privado, no el tren. Anotado.

En cualquier caso, llegamos con bastante tiempo, y abordamos el Windstar Star Breeze, que transporta hasta 212 pasajeros, la mayoría de los EE.UU., y extremadamente poco diverso (ni una sola persona de color), más 145 miembros de la tripulación.

Con 440 pies (134 metros) de largo, y navegando a 15 nudos, no es un buque enorme y potente. Es definitivamente un barco pequeño. Como comparación, estaba atracado cerca del Norwegian Epic, que puede llevar a ¡más de 4.000 pasajeros!

La sensación y el ambiente es casi como si se tratara de un yate privado, aunque no está en la categoría ultra-lujo como algunos otros cruceros que hemos disfrutado. Pero reconozco que nuestra suite con vista al mar era muy agradable, con una ducha muy amplia.

Partimos a las 16h después del ejercicio de seguridad obligatorio. Salir de Civitavecchia no es particularmente hermoso o espectacular, incluso con el típico show con música épica de Windstar. Pero ver un barco de pesca volver al puerto seguido de una gran bandada de gaviotas hambrientas y ruidosas compensó la falta de paisaje pintoresco.

Después de una deliciosa cena en el restaurante Amphora, vimos la película ‘God’s Pocket’, de la colección de DVD de la biblioteca del barco.

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