Del 8 al 12 de enero he viajado a Lisboa, Londres y Bruselas.

El vuelo Toronto-Lisboa partió con una demora de media hora, pero llegamos media hora antes. ¿Cómo? ¡Vientos de cola de 200 km/h nos empujaron a una velocidad de vuelo de 1000 km/h!

Aunque estuve todo un día en Lisboa camino a Bruselas, para poder estar con mi hija y mis padres, que volaban a España, no salí de la sala VIP del aeropuerto, así que no hay mucho que contar, a parte de que tienen una buena selección de comida y vino.

Al día siguiente, tomé el tren Eurostar a Londres, a más de 300 km/h, donde me ocupé de varios asuntos de negocios, y volví a Bruselas por la noche.

En Bruselas, me quedé en el grandioso, aunque un poco descuidado, Metropole Hotel. En el vestíbulo tienen notas de agradecimiento de un gran número de celebridades, como Stephen Hawking, Hooverphonic, Alberto II Príncipe de Mónaco, Monica Belluci, Avril Lavigne …

Además de una larga reunión en el Grupo de Expertos de la Comisión Europea sobre Filantropía e Inversión Social, del que soy miembro, hice dos cosas importantes: comprar una caja personalizada de chocolates de Neuhaus y visitar el Belgian Comic Strip Center (Museo del cómic).

Como anécdota, tuve que pedir ayuda para operar la máquina de tickets del metro, porque el botón de “selección múltiple”, en lugar de “presionarse” (como el resto de los botones de la muy mal diseñada máquina) tenía que girarse ¡flipa! Luego compré el billete que la máquina me indicaba claramente “1 viaje, incluido el aeropuerto”, pero luego va y el revisor me dijo que no era válido, así que tuve que comprar otro (lo que lo hace tan caro, y mucho menos comforable, que el Uber que tomé a mi llegada). Y para colmo, cuando llegué a Toronto, las carreteras estaban tan heladas que mi esposa no pudo recogerme, así que tuve que pasar la noche en un hotel de aeropuerto … que no me admitía mi tarjeta de crédito de chip.

Las alegrías de un ejecutivo viajero. Bienvenido a casa.