Pasamos el fin de semana pasado visitando museos en Ámsterdam.

El sábado, después de registrarnos en el fantástico Hotel Conservatorium, que nos dio una suite increíble con una enorme bañera con vistas a la ciudad, nos reunimos con nuestro guía privado (Peter, profesor de historia jubilado), que nos llevó al Museo Van Gogh pese a que no quedaban entradas, sin tener que pasar por las colas de acceso. El museo es muy bonito, y gracias a Peter aprendí bastantes cosas sobre un artista sobre el que ya había leído mucho antes. Pero definitivamente la exposición temporal de David Hockney - Van Gogh me pareció forzada, una estrategia de marketing. Una cosa que me gustó fue ver un video de todo el proceso de Hockney haciendo una de sus pinturas utilizando Brushes (ahora Brushes Redux) en el iPad.

Después de eso nos dirigimos al Museo Moco. Por mucho que me encante Banksy, Warhol, Basquiat, Haring, Koons, Kusama, Hirst o Dalí, la verdad es que el museo es pequeño y la curación casi inexistente. Pero es cierto que la instalación de la habiación 3D de Lichtenstein y la exhibición de Arsham valieron la pena. Tal vez fue el espacio abarrotado y molesto o las estrechas escaleras. O tal vez la multitud se gente haciendo selfies. Sí, definitivamente fueron los selfies.

Después de los dos museos, nos invitaron a un cóctel en el Tunes Bar donde tomé mi primer martini estrella porno virgen, y luego nos dirigimos a Tomaz, donde tomamos una cena tradicional holandesa. Antes de ir a la cama, “tuvimos que” probar la fabulosa bañera y, por supuesto, aproveché la oportunidad para divertirme en twiter:

https://twitter.com/jorgecortell/status/1127339299408576512?s=20

El domingo visitamos la exposición Todos los Rembrandts en el Rijksmuseum. Estaba lleno de gente, pero la compra de entradas en línea y una excelente app complementaria marcaron la diferencia.

Y, para redondear un magnífico fin de semana de arte, fuimos al Stedelijk Museum, que tiene una muy buena colección (y curación) de arte moderno y contemporáneo. Quizás mi única objeción es que la exhibición de Maria Lassnig se esfuerza demasiado en posicionarla como una “artista legítima”. Una vez más, un esfuerzo de marketing y un recordatorio de que “quién es tu papá, o a quién conoce tu papá” importa más que nada en la industria del arte. Otra cosa que no me gusta, pero con la que seguramente el museo no tiene nada que ver, es que aunque abre los 365 días de la semana, el jueves 16 no abrirá por posibles celebraciones de los fanáticos del equipo de fútbol Ajax que colapsarán el acceso a Museum Plein. Muy triste … y revelador.