Nico me envía un mensaje pidiendo ayuda: El Cosmonauta, maravilloso proyecto de largometraje producción distribuida, se ha encontrado con un problema económico imprevisto de último momento.
Save The Cosmonaut from Riot Cinema on Vimeo.
Como sabrás si nos has seguido últimamente, estamos a punto de rodar. Billetes comprados, equipo cerrado y todo listo. En nuestro blog puedes ver de hecho un avance de material rodado en Rusia, conocer a los actores… todo iba sobre ruedas gracias a una coproducción con una indie rusa.
Juan (gracias) me envía un enlace a un vídeo que demuestra (a parte de dejar en evidencia al Sr. Alierta) que las anotaciones de los usuarios aportan valor y debate al contenido, que la postura de Telefónica sigue siendo de ex-monopolio aprovechado y desagradecido, que el discurso sobre la red entre los “big players” y la industria no tiene nada que ver con los intereses de usuarios y ciudadanos, y que la tecnología puede que surja de mentes brillantes pero es manipulada y aprovechada por… pasen y vean:
Uno de los ejemplos que los recelosos del copyright y las patentes emplean una y otra vez en el debate sobre la libertad de la cultura y la información es el coste de producción, que “debe ser protegido”. Sin entrar en el absurdo mafioso de la “protección” y sus alternativas, hay mucho que hablar sobre el coste, o más bien sobrecoste, que se alcanza en modelos de producción “protegidos” o restringidos (creando escasez artificial).
“Presunto Culpable” es un ejemplo de cómo prohibir algo en la era de internet sólo sirve para amplificarlo: se trata de un documental que relata una injusticia judicial en Mexico. Una como tantas otras, por desgracia, que ocurren en todo el mundo. Lo increíble es que el sistema (sea judicial, o el que sea) esté tan a menudo exento de esa justicia que dice administrar.
23 de abril, día del libro. Debería ser “todos los días, día de todo”. Y por supuesto de los libros.
“Regalo del día”: lista de libros prohibidos por gobiernos. Y aquí 23 de ellos formateados para su lectura en formato electrónico y libres para descargar.
Que disfruten de la lectura.
Hace años que en alguna conferencia hablaba de cómo grandes fabricantes norteamericanos de tecnología (Microsoft, Xerox, HP, etc) introducían elementos en sus programas y equipos electrónicos que permitían, sin que lo supiera el usuario/propietario, que el gobierno americano accediese o recibiese determinada información (desde micropuntos delatadores en impresiones láser, hasta modificaciones al escanear ciertos patrones, pasando por envíos de información involuntarios, etc).
De todo esto había información más que de sobra en la red.
Siempre he defendido la obra derivada como una de las formas más potentes de creación de nuevas obras culturales (y eso por ello, entre otras muchas razones, que el copyright nos es más que un estorbo para la creación). Pero de la Cultura (mayúscula) a la Basura (idem) reciclada hay un paso, y el caer en fórmulas del tipo “firmo un acuerdo de licencia, pongo la cara de un par de actores de moda, saco un iPhone por aquí y un Prius por allá, y ya puedo hacer una nueva versión de El Séptimo Sello” es demasiado catastrófico, tentador y ocurre con demasiada frecuencia: