No me canso de Oxford. Estar allí es como estar en otro mundo: atemporal, autocontenido, apasionante e intelectualmente estimulante. Y ni siquiera necesitas ser un estudiante o asistir a una conferencia para sentirlo. El domingo 4 de octubre lo visité con mi esposa, mi hijo y mis suegros.
Los llevé al college en el que estudié y a otros, disfrutando de su arquitectura y jardines, maravillado por la increíble cantidad de eventos culturales (principalmente conciertos y conferencias, aunque no tanto arte) que hay para ser un lugar tan pequeño.
El martes 29 de septiembre tuve un par de reuniones en el Ayuntamiento de Londres y en la oficina de London & Partners, para preparar la misión BioJapan y para aprender más sobre el programa de aprendices en el Reino Unido. Las vistas eran preciosas, especialmente al atardecer.
La semana pasada visité el Museo Imperial de la Guerra de Londres con mi suegro y mi hijo.
Yo soy pacifista, y creo que el complejo militar-industrial es una realidad muy aterradora y abominable. Así que todo lo relacionado con militares me hace estremecer. Pero debo admitir que me sorprendió gratamente este museo. No glorifica a los militares, ni toca la tecla sensiblera del sufrimiento de las víctimas. Se distancia lo suficiente como para ser “objetivo”, mientras es suficientemente humano para transmitir los horrores de las guerras.
[Más fotos aquí]
El sábado pasado tuve el placer de asistir al Fin de Semana de Ex-Alumnos de Oxford con mi hijo.
Sabía que no sería el único adolescente allí, pero me sorprendí al ver niños aún más jóvenes que él, acompañando a sus padres. La verdad es que me hubiese gustado llevarlo antes. Al próximo intentaré llevar a mi hija.
Además de la obvia oportunidad de establecer contactos, el verdadero placer fue asistir a interesantes conferencias impartidas por los mejores académicos, ¡y ver a mi hijo realmente interesado en esas conferencias!
Todo el mundo está demasiado ocupado. Es el “mundo del trabajo tóxico” que vivimos, según el New York Times. Sin embargo, algunos días están más ridículamente a tope que otros.
La semana pasada tuve tantas reuniones, que me fue difícil hacerles seguimiento. Algunas de las que me acuerdo a bote pronto: reunión con un socio general de Google Ventures, reunión con dos ejecutivos del Servicio Nacional de Salud (NHS), reunión con un ejecutivo de Accenture en sus elegantes oficinas de Londres, ser entrevistado por un editor de The Times, ser recogido por un chófer en un coche híbrido con wifi que me llevó a un evento organizado por un grupo de medios (Grupo Haymarket, Create 2015) para dar una charla y participar en un panel junto a otros dos “emprendedores” de TechHub, y minutos después participar en otro evento (Salud Conectada) en Simmons & Simmons.
Estos últimos días han sido bastante “juguetones”.
Por un lado, acabo de descubrir, a la vuelta de la esquina de nuestro apartamento junto al Puente de Londres, un parque gratuito y público que tiene un campo de hockey de césped artificial, media cancha de baloncesto, 3 mesas de ping-pong y hasta una cancha de voleibol playa ¡con arena y todo! Así que, obviamente, al día siguiente fui con mi hijo a una tienda de artículos deportivos y compré un balón de fútbol, palas y bolas de ping-pong, una pelota de baloncesto, una pelota de voleibol y raquetas y plumas de bádminton.