Tal y como explica Daniel Greene en el suplemento de fin de semana del Financial Times, 3 minutos antes de que vaya a tener un ataque epiléptico, su boa constrictor (que suele llevar alrededor de su cuello) le da un apretoncito que le avisa. Ya se sabía que las serpientes predicen los terremotos. Ahora vemos que también los ataques epilépticos. ¿No es hora de que hagamos más caso a los animales?
Generalmente no hablo con pasajeros sentados a mi lado en vuelos. Sobretodo a EEUU, dada la tendencia de los norteamericanos a hablar con desconocidos sobre el tema que sea (¿tendrán miedo al silencio?). Las únicas excepciones han sido, hace años, un viejo filósofo camino de Nueva Orleans, y una atractiva abogada de propiedad intelectual del ejército norteamericano camino de San Francisco.
Hoy he conversado durante unos minutos con una ingeniera aeronáutica española sentada a mi lado.
El viaje transcurrió el jueves sin incidencias dignas de mención. Ayer todo el día de reuniones con mi distribuidor y clientes. Ya sabía que el estereotipo de “en Sudamérica no trabajan / no son profesionales” es sólo eso: un estereotipo. Mi distribuidor y su gente son extremadamente profesionales, y el trabajo que han desarrollado hasta ahora es estupendo.
A mediodía comimos en La Cava con unos clientes muy importantes (todos los clientes son muy importantes, pero cuando además te compran más de un millón de dólares al año, son caso a parte).
Según un estudio del Dr. Val Curtis, Director del Hygiene Center en la London School of Hygiene and Tropical Medicine, en el que se analizó a 250.000 personas en el uso del jabón al lavarse las manos tras emplear un baño público, el 64% de las mujeres se lavan las manos con jabón, pero sólo el 32% de los hombres lo hacen.
No sólo somos los hombres más guarros, sino que más torpes.
Según los autores del estudio “Commercial Features of Placebo and Therapeutic Efficacy” Dan Ariely de Duke University, Rebecca L. Waber del MIT, Baba Shiv de Stanford University, y Ziv Carmon de INSEAD Singapur publicado en el Journal of the American Medical Association, el 5 de marzo de 2008; 299: 1016-1017.
Via Improbable Research.
Desde el momento en que salí ayer del aeropuerto de Kolkata (antes Calcuta, Begala Oriental, India) noté una diferencia notable con el resto de ciudades de la India que conozco: da la sensación de que la naturaleza está ganando la partida. Se siente de un modo intenso la crudeza de la naturaleza, lo que implica tanto vida como muerte.
No es tanto que la vegetación esté por todas partes, de un modo salvaje, o que irrumpa con fuerza en las estructuras creadas por el ser humano (carreteras levantadas por raíces, muros que no soportan las inundaciones, etc).
El día ha sido largo y de mucho trabajo.
Para empezar, he tenido que esperar en el lobby hora y media a que me recogiese mi distribuidor. A la hora de espera le he llamado y me ha dicho que estaba en un atasco (cosa que aquí es normal) y que tardaría media hora más. En efecto, al recogerme y salir he podido comprobar cómo el tráfico era absolutamente denso. Ejemplo: hemos tardado 2 horas y cuarto en recorrer 2 kilómetros.