El día ha sido realmente agotador. Dejando de lado el trabajo, a primera hora estaba con mi amigo Wolf en la plaza Tiananmen (absurdamente enorme, la plaza más grande del mundo), y acto seguido a la Ciudad Prohibida. Precioso, gigantesco, y lleno de historias y anécdotas. Os cuelgo unas fotos, aunque encontraréis algunas más (y estas en grande) en mi photostream de Flickr.
Estos lugares tan hermosos y espectaculares hacen que uno llegue a creer que es buen fotógrafo.
Después de la presentación de producto, perfectamente coordinada y organizada en el Instituto de Comercio Exterior, me he ido a comer con mis distribuidores en China, a un restaurante que ya tenía en mi lista, y resulta que está en el mismo edificio que su oficina.
El restaurante en cuestión (LAN) está decorado por Philipe Starck, y como no podía ser menos es absolutamente impresionante (la foto no le hace justicia, pero ahí va)
Al final la reunión (para preparar la presentación de mañana) ha ido sobre ruedas, y he tenido tiempo de ir a visitar el Palacio de Verano con mi amigo Wolf.
El viaje en taxi ha sido larguito (más a la vuelta, durante el tráfico de hora punta, donde he podido apreciar lo bien que saben tocar el claxon mientras eruptan los taxistas locales), pero me ha permitido, como suele ser habitual, dar un vistazo rápido y superficial a la ciudad.
Empiezo a probar lo chino ya en el avión. KLM ofrece alos pasajeros un menú chino (diseñado y realizado por una famosa cadena de restaurantes china). Está bueno, y hasta la bandeja es de diseño. Además me encanta comer con palillos, y es la primera vez que lo hago a bordo de un avión.
Me preparo para una inmigración y control de pasaportes estrictos, pero me sorprende lo rápido, aséptico y fácil que resulta.
En el que se ha convertido en uno de mis anuncios favoritos de todos los tiempos (hace unos años tenía una agencia de publicidad, y aun me gusta analizar los anuncios) aparece Mikhail S. Gorbachev (el para unos preclaro, para otros marioneta último ex-presidente de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) en un coche con chófer pasando por delante del muro de Berlín y con una maleta de Louis Vuitton.
El aeropuerto de Kuala Lumpur ha recibido varios premios (entre ellos el de mejor aeropuerto del mundo). Pero con lo que me he quedado sorprendido es con la sala VIP de la terminal satélite: dispone de duchas, bufete de comidas calientes (yo he comido arroz basmati, sandwich de salmón y huevo revuelto, y zumo de mango), sillas de masaje, y ¡hasta un putting range de golf!
La cosa cambia cuando llegas a Jakarta.
El cocktail-cena en la residencia del embajador de España en Kuala Lumpur fue una experiencia mucho más interesante de lo que esperaba en un principio (a punto estuve de escaquearme y quedarme nadando en la piscina).
A parte de la obvia experiencia y profesionalidad del señor embajador (ya se sabe, lo exigido en estos casos: sonrisa fácil, conversación superficial, saludos “de flor en flor”, etc), una cosa que me gustó mucho es que se invitase también a mis potenciales clientes.