Mucho énfasis ponen editoriales, discográficas, productoras de cine, ministerios, y sobretodo suciedades de gestión en la comercialización de los “productos culturales”. Pero -¿alguien se preocupa de que se “consuman” de modo correcto?
Tanto en alimentación como en farmacopea, el estado regula muy claramente el consumo de determinados productos. Es obvio que al “consumirlos” y al afectar directamente a nuestra salud, así debe ser.
Los “productos culturales” también los “consumimos”. También afectan a nuestra salud y estado de ánimo (algunos nos hacen vomitar, otros son capaces de ayudarnos a superar tremendas enfermedades o estados de ánimo adversos).
Eso dice el acuerdo de licencia (punto 10) de iTunes:
By using the Apple Software (…) You also agree that you will not use these
products for any purposes (…) including, without limitation, the development, design, manufacture or production of missiles, or nuclear, chemical or biological weapons.
-¿Os hace gracia? -¿No lo sabíais? Esto es MUY viejo, y con una sencilla explicación basada en la paranoia legal que cualquier empresa de los EEUU siente, y hasta qué extremo llegan para evitar ser demandados, como en McDonalds “este café está tan caliente que puede causar daños físicos” (-¡coño, pues no lo calienten tanto!
Se mire como se mire, con la mirada de Maddox sobre aspectos ridículos en la inclusión de modelos de fotografía de stock en webs y anuncios, hasta ubicaciones “poco afortunadas” de anuncios, la verdad es que la publicidad puede dar mucha risa… o pena (y lo peor es que posiblemente los creatas no querían dar ni una ni otra cosa). Gracias Juanjo (-¿qué tal va el proyecto, por cierto? 😉 )
Mucho se ha escrito sobre los avatares y la identidad en el mundo digital.
Como todo, al principio son teorías abstractas, luego conceptos avanzados, luego conceptos de digerati, y al final preocupan a todo el mundo cuando ya puede ser tarde.
Avatares (y generadores de avatares) hay a patadas. Algunos de los ejemplos de avatares que otros han hecho para mí (curioso cómo reflejan las características básicas de la percepción de uno que tienen los demás):
El hecho de que un artículo reflejase (de modo bastante aséptico y correcto, para variar, y como debe de ser en una “Enciclopedia”) mi odisea en la UPV ya me sorprendió.
Pero ver que en otro me citan como “Notable copyright reformer” junto a los genios
Rick Boucher Robin Gross Lawrence Lessig Eben Moglen Richard Stallman Siva Vaidhyanathan hace que grite I‘m not worth it, I‘m not worth it (para el que no es generación X o un adicto a las pelis de culto, hay que poner cara de bobo al parafrasear una de las películas que más marcaron a una generación perdida).
– Agujero negro de tiempo: listado de algunos de los timewasters más clásicos de la red
– Test para saber qué distribución de GNU/Linux te recomiendan (a mí me sale Debian o Mandriva)
– Video sobre la vida real de los Space Invaders. En realidad no tiene nada de “fun”, no sé si debería estar en otro post (filosofía “el problema de los otros”).
– Herramienta para comprobar y compara código -¿ideal para demostrar que se ha empleado software libre en un producto provativo?
Desde hace tiempo sigo los artículos, enlaces y posts sobre patentes absurdas y ridículas. Desde la rueda al fuego, pasando por columpiarse de lado, creía habero visto todo.
Pero hoy he encontrado un artículo en el que listan varias patentes absurdas (como el “brazo mecánico para chocar esos cinco” de Albert Cohen de Troy, NY 1994; una “máscara para no comer”, de Lucy Barmby de Sacramento, CA 1982; o “los pañales para pájaros” de Lorraine Moore de Watkins Glen, NY 1999), y a la que posiblemente sea la patente más absurda y ridícula del mundo: “caja para mantener viva la cabeza de un animal tras haber sido cortada del cuerpo” de Chet Fleming de St.