Ayer fue un día de los duros: avión de Bogotá a Lima a las 6 de la mañana, lo que significa levantarse a las 3 para estar en el aeropuerto a las 4:30, con situación irreal incluída (si es un vuelo de “código compartido” entre Taca y Avianca, y el identificador del vuelo es AV, entonces se embarca por Avianca ¿no? Pues no, no se puede, hay que ir a Taca y hacer la cola de nuevo.
Anoche fuimos a cenar a Harry Sasson, verdadera fusión con platos Thai, Japo, Chinos, Marroquíes, Colombianos… y con música en vivo. No repetiría, pero no estuvo mal. Todo ello en la animada Zona Rosa-T.
[](La Candelaria)
Esta mañana hemos estado en La Candelaria. El recién renovado y espectacular Museo del Oro (donde he visto algunas figuras precolombinas que me han hecho preguntarme, no sobre el origen extraterrestre de la vida en la Tierra, sino si estos indios jugaban a Unreal Tournament)
Lo reconozco, escribo como el culo. Me pierde la inmediatez, el no editar ni mis palabras ni mis pensamientos. Y las pocas veces que releo lo que he escrito me arrepiento de esa urgencia impulsiva. Expresiones soeces, construcciones atropelladas, conceptos desestructurados…
Sé que esto es un blog, y no es mi profesión. Pero me gustaría escribir como Hendrick Hertzberg [aquí su blog]. Ahora estoy leyendo Politics, una recopilación de artículos del editor ejecutivo de The New Yorker que fue escritor de discursos del presidente Carter.
De nuevo en Madrid.
Tras un par de reuniones de trabajo bastante aburridas, una buena obra de teatro es un excelente modo de desconectar. En el Teatro Español vimos una curiosa producción (escenario único, dos actores): “Encuentro de Descartes con Pascal Joven”. Sin ser excepcional, resulta muy agradable: buena actuación y puesta en escena, e interesante guión que relata el encuentro que mantuvieron Descartes y Pascal, con sus dos formas diametralmente opuestas de entender el conocimiento y la vida (también se hace referencia a la obra y filosofía del maldito Pascal, que inventó su máquina aritmética para ayudar a su padre a recaudar impuestos, en la película “Ma nuit chez Maud” de Éric Rohmer, que vi hace poco).
Hay espectáculos que merecen la pena, y espectáculos que no. Y luego están los que merecen un post a parte.
Ayer tuve el privilegio de asistir con mi chica a la ópera en cinco actos “Faust” de Charles Gounod, con libreto de Jules Barbier y Michel Carré. Y digo privilegio porque fue una interpretación sencillamente exquisita. Absolutamente todo fue excelente, desde la danza a la interpretación, pasando por la orquesta, el coro, la dirección (la musical a cargo de Frédéric Chaslin ya que Lorin Maazel no pudo estar debido a una bronconeumonía), el estupendo maquillaje y caracterizaciones, escenario y atrezzo.
Como habréis podido notar (los que no hayan decidido darme de baja en sus lectores RSS al darles error el feed con todo este trasiego), he estado migrando el blog de hosting. Ya he terminado, y por desgracia he descubierto que hay dos cosas que WordPress ni exporta ni importa: usuarios y enlaces.
Los enlaces los iré añadiendo poco a poco. De paso me servirá para “limpiar” y actualizar.
En cuanto a los usuarios registrados… lo siento, tendréis que registraos otra vez.