Todo el mundo debería estar en contra del plagio, y más si creemos que una meritocracia no es una utopía, sino un modelo de sociedad deseable. PERO los extremos suelen ser malos, y los dogmas falaces.
¿Existen casos en los que el plagio pueda ser beneficioso? Ayer encontré uno que sí: MissSushi.
Se trata de un restaurante de sushi nuevo en Valencia (abrió la semana pasada, y de hecho su web no estará operativa hasta dentro de unos días) en la Plaza Cánovas 9.
Perdón por las molestias, pero este blog va a estar de mudanza durante un par de días.
Stay tuned
Hoy no estoy con mi chica, pero por supuesto me gustaría estar. Así que me voy a tomar un té virtual con ella. Eso sí, como es virtual, podemos elegir (gracias, Juan), como la original taza de Jonas Trampedach
O bolsitas de té “con gracia”
Aunque nada mejor que un moruno casero, escuchando la banda sonora de una película coreana, aunque no salga como a los expertos. Lo importante es el ingrediente clave 😉
Normalmente no es así, pero la forma, la estética, puede llegar a superar al fondo, a la esencia.
Un par de ejemplos.
Al pulsar el bote de gel de afeitado, en vez de la típica montaña uniforme y azul, se ha formado en mi mano esta hermosa y curiosa forma:
En la foto no se aprecia muy bien (a esas horas y de la mañana, y con la cámara del iPhone, no se pueden hacer maravillas), pero el gel queda por fuera, y un hilo de espuma va por dentro, apreciándose a través del tubo translúcido.
Siempre me ha gustado comunicarme. Escribir no se me da mal, por lo menos se me da mejor que pintar o esculpir. Pero hay que reconocer que el caracter casi-unívoco, casi-objetivo, y generalmente-vulgarizador de las palabras limitan su capacidad de comunicación en circunstancias especiales. En esos casos me suele venir a la mente una imagen visual, gráfica, evocativa, sutil… y mi incapacidad para plasmarla plásticamente me solivianta.
Entonces, a veces, la casualidad hace que te topes con una de esas imágenes que alguien ha captado o plasmado, sintiendo lo mismo, o queriendo comunicar otra cosa.
Mi gran amigo Claudio Zirotti me pidió que definiera “la feminidad” para una de sus colecciones de arte (Al Femminile). Me encantó el reto. Pero no me dí cuenta de lo difícil que me resultaría, sin recurrir a fuentes externas tipo Annalinde Nightwind como contraposición a BettyFriedan. O a tópicos como Freud.
Eso fue hace dos años.
Y no ha sido por falta de tiempo, ni de ganas. Sino porque por primera vez no he sabido ni expresar lo poco que sé sobre el tema.