Por la autopista he esquivado un radar móvil, pero cuando, todo satisfecho he mirado al cielo como gesto reflejo de libertad, me he encontrado a un helicóptero de tráfico justo enfrente de mí. En la radio mensajes electorales, muy pocos partidos u opciones. En la televisión sólo se habla de “el debate”. Sólo 2 candidatos. Llego al médico, me pide mi tarjeta SIP. La bánda magnética no funciona, con lo que tiene que introducir a mano los dígitos.
Ayer fue un día bien cargadito. Y pese a que en realidad no tengo nada que contar (todavía), a la vez no puedo morderme la lengua.
Por la mañana estaba “conspirando” contra las multinacionales del software privativo en un determinado sector. En conjunción con un cliente clave de ese sector, planeábamos el demostrar que por primera vez es posible una solución completa e integral en software libre. Es uno de los pocos sectores donde el software libre tiene una presencia casi inexistente.
El atelier de Giancarlo Fitti es uno de esos lugares que te hace sentir especial. El hecho de que sea un artista que huye de la masificación y de la popularidad hace que mucha gente no lo conozca, aunque esté en pleno Manhattan (tiene otro en Paris). De hecho, a muchos de sus clientes (entre los que se encuentran desde famosos de Hollywood hasta marchantes londinenses) les place enormemente que no se emplee su nombre como referencia, o que no haya siempre una legión de paparazzi apostados en su puerta.
Sé que la he visto. Aparece recurrentemente en mis frecuentes pesadillas, pero sé que la he visto antes en un film de animación. De pequeño veía tanto cine o más que ahora. Incluso cosas que los niños no deberían ver hasta más mayores. Siempre pensé que la escena en cuestión era de la producción francesa de animación Metal Hurlant (Heavy Metal), pero he repasado sus guiones y no aparece. ¿Dónde he visto la escena de un corredor de carreras de vehículos veloces en el futuro, que ve cómo su nave/coche se incendia, pero desea tanto ganar que cruza la meta su fantasma?
Desde hace unos días mi clave API de WordPress es rechazada sistemáticamente por el sistema antispam Akismet. He probado de todo: usar la clave de otro, generar una clave nueva, analizar logs, mirar en foros…
No es que se acabe el mundo, pero desde que no funciona, todos los comentarios (excepto de usuarios registrados que ya hayan publicado un comentario anteriormente) pasan a la cola de moderación. Los “legítimos” y el spam.
Lo cierto es que el trabajo (y alguna otra cosa) me consumen de mala manera, pero esto es excesivo. Necesito unas vacaciones para ponerme al día.
Sólo un 81% 😉
81%How Addicted to Blogging Are You?