No tienen valor (coraje, agallas… aunque les falte del otro también). Tienen miedo, al parecer mucho miedo. Eso es buena señal. Muy buena (aunque peligrosa).
Según un comunicado de prensa oficial de la organización de las V Jornadas sobre Consumo, Publicidad y Cultura en una de cuyas mesas redondas intervine el lunes en Sevilla, la SGAE y AIE se negaron a participar (pese a llevar mes y medio confirmada su asistencia) en el último minuto, en el caso de SGAE “por problemas personales de la institución con un miembro de la mesa” (y una de las organizadoras confirmó que ese miembro era yo, y así se ha publicado en el Diario de Sevilla, en una excelente crónica de lo sucedido, por cierto; aquí hay otra de Pedro, de Zemos98, uno de los participantes, reproducido y comentado en este post de Barrapunto), y en el caso de AIE “por problemas de agenda”.
**Nota.- Si a alguien le molesta que hable de mí en mi propio blog, que vaya al siguiente post, o que vaya a otra página.
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Como decía la semana pasada, se han juntado una serie de atípicas (una-vez-en-la-vida) circunstancias que me han hecho reflexionar sobre el valor de las cosas y sobre todo de las personas.
Por un lado, mientras hay quien aun debate sobre mi CV, he recibido un mensaje de Google (y luego he verificado su procedencia, para asegurarme de que no era una inocentada) interesándose por mí para un puesto de responsabilidad en la empresa.
HARVARD – GOVT E-1045
Moral Reasoning 22: Justice
Fall 2005 – Professor Michael Sandel
Midterm Paper (due October 25th)
by: Jorge Cortell-Albert
“The Ticking Bomb Terrorist Torture Case”
_Q. Is torture justified as a last resort to prevent an imminent terrorist attack?
Answer with reference to the arguments presented in Alan Dershowitz, “The Case for
Torturing the Ticking Bomb Terrorist,†from Why Terrorism Works, pp. 142-149._
A. Although certain dramatic circumstances (as those described in Dershowitz‘s article) seem to validate the old “the end justifies the means”, to consider torture (even to prevent an imminent terrorist attack, and even as a last resort) would be crossing a boundary that could potentially lead us to much more suffering than the result of the worst terrorist attack.
Como sigo con el estrés de otra semana matadora, he cogido un Widget de Konfabulator, me he puesto a trastear con él, y al final he hecho otro (por cierto, el primero InternationalUNDays, ya está en la Widget Gallery).
En esta ocasión es un Widget que pone en el escritorio una pequeña barrita con iconos para enlazar directamente a las emisiones en directo de Radio Nacional de España (en Real Audio).
Incesante acoso y derribo.
Ya he denunciado maniobras destinadas a acallarme o desacreditarme en varias ocasiones anteriores:
Censurar la Conferencia Maldita
Amenazas de repercusiones
Forzar la dimisión
Negar mi relación con la universidad
Manipulación en los medios
Amenazar a los medios que hablen conmigo
Ataque ad hominem
Ataque a mi web
Campaña internacional de desprestigio e inspección de hacienda
Cuando creía que me estaban dejando en paz (quizá dándose cuenta de que no me callarán ni cosiéndome la boca), un nuevo episodio de acoso y derribo demuestra que el que quiera denunciar las sucias tácticas de aquellos que nos quieren manipular y recortar nuestras libertades tendrá que pagar un precio muy alto tarde o temprano.
Hace años que no programo personalmente un carajo (si exceptuamos ese tipo de cosas que uno emplea para webs, blogs, etc, como HTML, que hoy en día ya no se puede llamar programación a todo lo que no sea PHP o Java para arriba).
La última vez que me tuve que pelear con Eclipse para ejecutar un código escrito en Java para un sistema de reservas de un hotel, dije que no volvería a tocar código mientras tuviese dinero para pagar a un programador.
He recibido una postal que me dice “Tú has sido pieza clave para completar nuestro proyecto: hemos plantado 10.000 árboles para la recuperación de la Selva Atlántica en la cuenca del río Itajaí en el estado de Santa Catarina (Brasil)”.
Se supone que he ayudado a la Naturaleza. Se supone que debería sentirme feliz y orgulloso. Pero no es así.
Me siento como si cada donativo que hago a una causa que considero justa y/o necesaria fuese una gota en un inmenso océano, que se pierde, se diluye y desaparece.