Esta es la historia de un Visado L1. Intentaré resumirlo, pero hay detalles que necesitan ser explicados para ser creídos… En agosto de 2011 pensé en abrir una subsidiaria en EEUU de mi empresa de software, así que decidí trasladarme a Nueva York para ponerla en marcha y dirigirla. Ya que necesitaba un visado (formulario I-129) para vivir y trabajar en los EEUU, contacté con un abogado de inmigración (formulario G-28 y miles de dólares) a través de un amigo, y comenzamos el proceso.

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Algunas preguntas absurdas e hipócritas que se encuentran en el formulario DS-160, necesario para conseguir un visado en EEUU: ¿Tiene alguna enfermedad mental o física que constituya o pueda constituir un peligro para la seguridad suya o de los demás? ¿Es o alguna vez ha sido consumidor o adicto a drogas? ¿Ha violado o conspirado para violar, alguna ley en relación a sustancias controladas? ¿Viene a los EEUU para obtener prostitución o ilegalmente comercializar vicio o se ha prostituído o requerido prostitutas en los últimos 10 años?

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Por culpa del laaaargo y curioso (tanto que merece un post a parte) proceso de obtención de mi visado estadounidense, he estado “atrapado” en Ottawa (Canadá) durante una semana. Supongo que Canadá no es un destino prioritario de los viajes de invierno (particularmente si, como yo, no puedes esquiar o patinar sobre hielo). Pero ya que estoy aquí, saquemos lo mejor de la situación: La Galería Nacional, Museo de las Civilizaciones, Museo de la Guerra, Winterlude, unos cuantos lugares de comida adorables (como The Tea Store, Memories, u Oh So Good) y un montón mediocres, mientras uno se hospeda en un hotel/castillo muy bonito (con piscina climatizada y gimnasio), servirá 😉

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Este no va a ser uno de esos posts profundos, analíticos, reflexivos (como si alguna vez hubiese escrito uno 😉 ). Simplemente necesito desfogarme. El pasado sábado, en la calle Prince, en medio del Soho, un hombre (no mencionaré su nombre porque, como veréis, no merece publicidad) daba CDs a los que pasaban. Como con cualquier cosa digital, sentí la necesidad de averiguar más, así que lo cogí. Y antes de que pudiese leer la carátula, dijo “¿vas a pagarme o qué?

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Ayer fui a la Biblioteca Pública de Nueva York (NYPL) a ver “Hable con ella” de Pedro Almodovar, parte de una serie de proyecciones de películas de Almodovar en la NYPL. Pero para mi sorpresa, la proyección (y las restantes del ciclo) había sido cancelada. Hablé con la persona del mostrador de información, que me dijo que la Sociedad de Autores (será la abominable SGAE, que no merece un enlace en mi blog) y la productora de Almodovar (El Deseo Producciones) habían subido lo que previamente estaban exigiendo por royalties o compensación por las proyecciones (gratuitas) de las películas (que ni siquiera están en los cines actualmente), y que la cantidad que pedían ahora era tan alta que la NYPL no se lo podía permitir, con lo que han tenido que cancelar las proyecciones.

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Foto de autor

Jorge Cortell

Viviendo

Senior Advisor en los laboratorios de innovación de Harvard University - Advisor en NLC

Cambridge, MA (EE. UU.)