Ayer recibimos un correo en mi empresa en el que un organismo dependiente de otro organismo dependiente de otro organismo oficial, nos exigía el rellenar una encuesta para considerar la creación de otro organismo oficial. Lo interesante es que nos pidieron SINCERIDAD.
“Todo el mundo miente” dice el Dr. Gregory House. Y es cierto. Para “salvar la cara”, aunque no llegamos a los límites de autorepresión de los japoneses o de ambiguedad de los indios, todos decimos pequeñas mentiras cada día.
… yo SOY EL error.
En mi charla de ayer en el Congreso de seguridad informática No con Name de Barcelona, dentro de la mesa redonda “Ataques a las grandes corporaciones” moderada por Xavier Vidal y que contaba también con Josep Jover (abogado que llevó el canon digital a los tribunales) e Isidro Ordás (Director de la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional en Cataluña, que “nunca me ha tenido tan cerca” ROTFL), hablé sobre los aspectos sociológicos y psicológicos de dichos ataques (los que cometen las grandes corporaciones, y los que son cometidos contra ellas).
El imperio se sostiene sobre dinero y armas. Las armas se compran, con lo que queda el dinero.
El dinero el imperio lo apropia (impuestos), lo impone (intereses), o lo roba (expropiaciones), pero en cualquier caso depende de su instrumento: la moneda (en forma física o digital) emitida por una “autoridad” (aunque esta dependa de otra entidad, sea o no supranacional, no gubernamental, privada, como la Fed, FMI, BM, etc).
Guayaquil día 4.-
Termino el trabajo con tiempo suficiente como para cambiar mi billete y regresar un día antes a casa. Pero por desgracia las líneas aéreas no me lo ponen fácil, y tras peregrinar de una oficina de Iberia cerrada a una de LAN en el aeropuerto poco colaborativa (y que a la postre no tenía plazas en el vuelo), termino teniendo que aceptar que pasaré un día más en Guayaquil.
Guayaquil día 2.-
Mis ojos están tan rojos cuando me miro en el espejo por la mañana, que me sorprendo. Parezco literalmente Drácula. Se me había olvidado lo duro que son estos viajes transoceánicos. ¿Será porque ayer cambiaron la almohada? Ciertamente lo del olor no era broma.
Tras las reuniones matutinas de rigor, el distribuidor me invita a mí y a unos clientes a comer… ¡¡comida española!! en La Tasca de Carlos, que aunque ciertamente cocinan auténtica comida española, y estaba todo muy bueno… no era precisamente lo que esperaba poder probar en Guayaquil.
Sueño. Es lo único que puedo pensar en el avión de Guayaquil a Bogotá a las 6:30 de la mañana. Tengo sueño. Pero he de mantenerme despierto, y leerme los informes para parecer que sé de lo que hablo al llegar. La agenda es muy apretada y he de aprovechar al máximo cada minuto, pues mi intención no es cruzar el charco cada dos por tres como hacía antes.
Ya cerca de Bogotá, el piloto nos avisa de que hay mucha niebla (no sé si tendrá que ver con la turbulencia, pero se diría que estábamos dentro de una batidora), que se espera un gran retraso, y que si se queda sin combustible, tendremos que desviarnos a Cali.