El amor no se “contenta con esforzarse por evitar el dolor, una meta de la cansada resignación, más bien lo supera sin cuidarse de él, y se afirma en el apasionado y arraigado esfuerzo por una realización positiva de felicidad”.
Sigmund Freud, “El malestar en la cultura”.
Que el amor sea siempre la base que mantenga unidos a 1+1=1
Obviamente no creo que sea el camino a un verdadero cambio social, y como “derecho a pataleta” me parece uno de los peores. Pero la huelga ha cumplido una función fundamental en la “lucha de clases”, y por lo tanto hay que honrarla.
Aquí van algunas propuestas de pancartas para tan señalado día:
NO SIRVE DE NADA, PERO GRACIAS POR VENIR NO ME GUSTAN LAS AGLOMERACIONES ¿DÓNDE ESTA WALLY? ¿DÓNDE ESTA MARX CUANDO LO NECESITAS?
Según el Hagakure (de Yamamoto Tsunetomo, siglo XVIII):
A parte de la sublimación, o la catarsis, hay un modo de avance simple pero eficaz en las psicopatologías (especialmente traumáticas) que es la interiorización de la diferencia fundamental entre términos aparentemente similares y relacionados con el trauma.
Por ejemplo, un hombre que ha sido torturado, debe comprender la diferencia entre fuerza-poder-agresividad-violencia. Como ese hay muchos ejemplos (entrega-compartir-regalo-abandono, límite-norma-regulación-restricción-inhibición-prohibición-represión, libertad-libertinaje-anarquía, etc, etc).
En esa línea, Dan Pallotta, en el Harvard Business Review (gracias Juan) escribe un artículo sobre la diferencia entre preocuparse y ser responsable.
En occidente nos hemos centrado mucho en el “proceso”. Todo son procesos, con su linealidad, consecución, causalidad, y objetivo. Se busca la optimización. Modificaciones sucesivas en pos de una meta, a través de las cuales se diluye el espíritu inicial del proceso en cuestión.
En oriente, sobretodo tradicionalmente (no me refiero a la vorágine de producción y consumo capitalista en la que se ha convertido China, o el hipereficiente Japón de la postguerra) hay un enfoque mucho más orientado al rito.
Ghost dog ha hecho que vuelva a releer partes del Camino del Samurai. Fue un libro que leí de muy joven, y me ayudó mucho. Hoy he marcado dos frases:
En un océano grande y profundo, como todos lo son, habitaba, entre muchos otros, un pez. Ese pez, como todos los demás, era especial. Pero, a diferencia de los demás, a él se le notaba desde fuera: en su rostro había algo que ningún otro pez tenía. Una sonrisa.
– Ese pez se cree superior – decían unos.
– ¿Cómo lo hace? – se preguntaban otros.
– Ha alcanzado el aquadharma – pregonaban los guru-peces.