Hoy, de nuevo, todo el día de reuniones.
Por la noche nos ha dado tiempo para despedirnos de Tokio como es debido: primero un paseo por el ruidoso, ajetreado, luminoso, y sórdido (pero a la vez con una completa sensación de seguridad) Kabukicho en Shinjuku, y luego cena de excelente sukiyaki (ternera, verduras y noodles cocinados en tu mesa con azúcar y salsa de soja) y shabu-shabu (ternera cortada muy fina y verduras hervidas en tu propia mesa, con dos salsas características) en Ibuki (lo que nos ha costado encontrarlo merece un post aparte, pues en esta ciudad las calles no tienen placa, y las direcciones no tienen lógica).
El miércoles fue un día de locos. Reuniones todo el día.
Por suerte, hubo un rato para pasear. Así que nos fuimos a Akihabara.
Aquello ya no es la meca de la electrónica (pues esta se ha extendido a todas partes), pero sigue siendo espectacular y ruidoso.
Luego nos fuimos otra vez a Shibuya. Cada vez que paseamos por allí, descubrimos miles de cosas nuevas, como la tienda de sombreros Bossio.
El martes por la mañana, antes de mi primera reunión de negocios del día, fuimos a ver una representación de Kabuki en el Kabuki-za.
Luego, de camino a la reunión paramos en el templo Sengakuji, donde están las tumbas de los 47 ronin (quienes en 1702, vengaron la muerte de su señor – que fue condenado a realizarse sepukku por una confrontación con un oficial de la corte – cortando la cabeza de ese oficial y llevándola al templo, donde luego se suicidaron y fueron enterrados).
Llevo en Tokio desde el sábado 12, y a parte de trabajar, me lo estoy pasando bomba. La pena es que por unos días no coincida con el Tokyo Game Show. Lo curioso es que esta semana hay consejo de una empresa en EEUU de la que soy consejero, y me lo pierdo por estar aquí… y la semana que viene viajo precisamente a EEUU.
El mismo sábado, tras una siesta en el hotel para combatir el jet-lag, fuimos al altar de Shiba Dai Jingu para ver el festival, pero ya había acabado.
Soy urbanita, y me gusta la gastronomía. No practico el turismo rural. Pero aun así hoy he descubierto en Málaga, gracias a mi cuñado, un restaurante estupendo “en medio del monte”. Por lo alejado que se encuentra de cualquier población importante o autopista, dudo muy mucho que yo jamás hubiese ido por mi propia iniciativa. Pero me alegro de “haber sido arrastrado” a visitar este pequeño museo dedicado a los bandoleros, frecuentado por turistas y gente del lugar.
Ayer estaba en Sevilla, hoy toca Zaragoza, pero anoche coincidió que estaba en Málaga y me invitaron (muchas gracias) al concierto, en el auditorio municipal, de Chambao.
No es mi estilo del todo, aunque no estaba mal. Muy en su línea del sur (andaluz, indio, árabe, místico…). Me gustó que “La Mari” invitase a todo tipo de “artistas invitados” a bailar, rapear, Diyeiar, tocar… pero al final era demasiado amalgama.
El suplemento Ciberp@is del diario El País publica una noticia (gracias Floppy) sobre los Clanes en la Campus Party, en la que dice:
Libertad digital, por ejemplo, es un clan de 66 miembros que desde 2005 utiliza la Campus como plataforma para “impulsar el software libre”. A Miguel Ángel, nombre en clave Intranet, le “atraparon las redes de la resistencia” y desde entonces lucha, como los idealistas del Mayo del 68, para que se haga realidad aquello de Prohibido Prohibir.