No pensaba escribir otra entrada con anécdotas de este viaje, pero me han sucedido unas cuantas: Normalmente un “taxi” (coche privado) del hotel cuesta mucho más que un taxi regular (con taxímetro). Pero hoy la pequeña diferencia me ha sorprendido: 26.000COP (8‘64€) el del hotel, 21.000COP (6‘97€) el taxi. Por cierto, ¡los taxis de Bogotá son de los más baratos del mundo! Las carreras de media hora que hacía casi todos los días me costaban 9.

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Hoy he estado trabajando en la habitación toda la mañana. Por la tarde he salido un rato a leer a una terraza al lado del Centro Comercial El Retiro. Y ahí ha empezado una de las jornadas más increíbles de mi vida (y eso que ya llevo unas cuantas). Cerca de donde estaba leyendo, había dos hombres. No suelo escuchar las conversaciones de los demás, pero uno de ellos tenía una mirada, un gesto, muy pero que muy peculiar (triste, iracundo, dolido…).

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Tras recuperar sueño e ir a comer ajíaco santafereño, dulce de leches y jugo de curuba en Sopas de mamá y postres de la abuela, ayer acudí con los distribuidores a un par de reuniones. Me llama la atención como en casi todos los edificios de oficinas, el guardia de seguridad lleva un registro de los ordenadores portátiles que salen y entran (con su número de serie y todo), y cómo te piden una identificación con fotografía, que te cambian por un pase de visitante, hasta a salida del edificio.

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Anoche tras todo el día en las oficinas de mi distribuidor en Bogotá, cené con ellos en el restaurante El Armadillo. Interesante (aunque no increíble). Y a dormir, pues me recogían esta mañana a las 8:15 para ir a ver a un cliente. Las cortinas de la habitación no son lo suficientemente opacas, y aquí amanece temprano, así que a las 6 ya estaba despierto. A las 8:15 en el lobby… y el distribuidor no me ha recogido ¡¡¡hasta las 8:55!

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De nuevo a Bogotá. El viaje ha comenzado con mal pie: revisando los documentos (caducidad del pasaporte, reserva de hotel, billetes de avión, etc) anoche, me doy cuenta de que tengo reserva de avión, pero no confirmación de emisión. Llamo al servicio 24 horas de la agencia de viajes, y me confirman que la reserva se canceló, que no se emitieron los billetes. Tras el lógico enfado (tengo delante el email en el que les daba el OK para emitir billetes), la amable operadora se pone a buscarme alternativas: o pasar un día extra (otro fin de semana jodido) y pagar 200 euros más (y otros 200 por la noche de hotel extra) o pagar 1000 euros más y mantener los mismos vuelos.

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Según un estudio de la universidad japonesa de Tohoku, ir en moto te hace más joven (edad mental), listo (agilidad mental) y feliz, así que me he comprado una pequeña moto de principiante “convalidado” para comprobarlo: (Nota: la moto de la foto es de otro, la mía es como esa pero tardaré unos días en tenerla). Ahora, a comprobar los efectos 😉

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Ayer, a las 20:00h. mi chica y yo asistimos a una conferencia (muy sugerentemente titulada “Arte y Política”) de Jean-Louis Pradel, periodista, profesor en la Escuela Superior de Arte Decorativo de Paris, y comisario. Con una temática que se supone iba a abordar temas como “¿La pintura tiene todavía su papel en la globalización de los flujos y del inmaterial? ¿El arte comprometido tiene aún sentido, después de la muerte de las ideologías?

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Foto de autor

Jorge Cortell

Viviendo

Senior Advisor en los laboratorios de innovación de Harvard University - Advisor en NLC

Cambridge, MA (EE. UU.)