El miércoles fui con mi chica a ver el espectáculo de danza Psyke. Interesante, muy buena puesta en escena, genial la iluminación, y unos intérpretes sólidos y voluntariosos consiguieron un resultado que merece la pena sin ser una obra maestra.
Luego cenamos en El Bistrot de François, restaurante francés del centro de Valencia. Sin ser una comida espectacular, el ambiente “genuino” y la simpatía de François compensa con creces.
El sábado 25 estuve con mi chica en la KDD de usuarios de Mac de Valencia. A parte de una ponencia sobre el Mac en arquitectura e interiorismo, tuvimos el placer de escuchar a Jose María Yturralde hablar de su obra en los últimos 50 años. Desde su fascinación con la geometría avanzada (sobre la que aprendió en el MIT) y los ordenadores a sus esculturas voladoras, nos habló de modo muy directo y sincero.
Achaquémoslo a mi ignorancia, así nadie se sentirá ofendido ni tendrá que asumir responsabilidades. Pero si no lo digo, reviento.
El viernes 24 de abril mi chica y yo asistimos a las conferencias “Más allá de Darwin: El camino co-evolucionario del arte, la tecnología y la consciencia” que impartían miembros del Planetary Collegium, y organizaba Nuevos Medios de la Sala Parpalló en el Centro Cultural de la Beneficencia.
Con un programa tan interesante, tantas ponencias, y una presentación por parte de las responsables de Nuevos Medios y de la Sala Parpalló en la línea de “el acto más importante de la temporada” “nuevo paradigma” “imprescindible” estaba claro que interesante tenía que ser.
A lo que lleva el “compromiso”: entropía legislativa.
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Noticia. Fuente faqmac:
El Parlamento europeo aprobó ayer la ampliación de los derechos de autor para grabaciones musicales. Estaba en 50 años, pedían 95 y se quedó en 70.
Aunque el comisario europeo de mercado interior había propuesto extender el copyright hasta los 95 años, la falta de consenso ha llevado a una solución salomónica para que la medida saliera adelante. El Parlamento aprobó los 70 años con 377 votos a favor, 178 en contra y 37 abstenciones.
Anoche estuve viendo con mi chica Storytelling (2001) de Todd Solondz. Tras la misma, como suele ser habitual, se inició el debate/tertulia. Pero lo que podría haber sido un consenso más, como nos ocurre en tantas ocasiones, se convirtió en un enfrentamiento de posturas. Y no por el film en sí, bastante fácil de analizar. Sino por un término: “crítica”.
Mi chica defendía que la película era una crítica, más incisiva que American Beauty, de la sociedad norteamericana y sus valores.
De nuevo en Málaga, coincidimos con el Festival Málaga de Cine Español 2009. Delante del Teatro Cervantes, en las carpas, actores y directores (supongo) posan para las cámaras, mientras una marea de adolescentes chillan y corean el nombre del guapo de turno (en este caso un tal “Hugo”). En la calle de al lado, una pareja ya entrada en años camina en dirección contraria, ajenos a la muchedumbre. El hombre sujeta un receptor de radio en su oreja, acto simbólico porque el volumen del aparato hubiese compensado el hecho de que lo llevase escondido en un bolsillo de la gabardina.
En el maravilloso videoclub Stromboli (gracias, Juan) alquilamos el otro día dos películas. Y ayer fuimos al cine a ver una tercera. Creo que son perfectos ejemplos de tres formas de ver y entender el cine.
Pese a que nos gusta por lo general más el enfoque oriental (intimismo, sutileza, preciosismo, esencia…) optamos por tres películas norteamericanas, con lo que la comparación será más justa: Waking Life, Art School Confidential, (ambas en DVD) y The Last Hurrah (en la Filmoteca).