Mucho énfasis ponen editoriales, discográficas, productoras de cine, ministerios, y sobretodo suciedades de gestión en la comercialización de los “productos culturales”. Pero -¿alguien se preocupa de que se “consuman” de modo correcto?
Tanto en alimentación como en farmacopea, el estado regula muy claramente el consumo de determinados productos. Es obvio que al “consumirlos” y al afectar directamente a nuestra salud, así debe ser.
Los “productos culturales” también los “consumimos”. También afectan a nuestra salud y estado de ánimo (algunos nos hacen vomitar, otros son capaces de ayudarnos a superar tremendas enfermedades o estados de ánimo adversos).
[Empleando parte de la nota de prensa de Hispalinux sobre este interesante encuentro anual]:
Dieciocho son los talleres propuestos, más otros tantos que se realizarán en horario no oficial; no hay que olvidar que las JTASL son 24 horas por 6 días de convivencia y compartir, y que además del programa oficial, se organizan al estilo BOF numerosas charlas, talleres, tutoriales y tertulias. Para completar esos 18 talleres (tres horas por cada uno de ellos), también se organizan 12 cursos (de entre 20 y 30 horas) que tratan en mayor profundidad los principales retos con respecto a tecnologías libres.
Si no bastaba con haber creado Blubster, Piolet o ManolitoP2P, y haberse ido a Estados Unidos a impulsar el lobby P2P United, Alvaro me avisa que ahora va y Pablo Soto nos regala OMEMO. He‘s the man. -¡Suerte!
Ya me había pasado antes. Pero fue con mi novia del instituto y la universidad: ver cómo una persona se transforma al interpretar música. Se enciende, irradia una energía invisible y se transforma. Supuse que era el amor, que todo lo afecta.
Hoy, mientras comprobaba el correo en el lounge (piso 25) del hotel Conrad, una mujer se ha puesto a interpretar la flauta (Western concert) junto a un piano. Y se ha transformado.
Hoy, durante la cena en Graziano (Miami), en la mesa de al lado estaba Samuel L. Jackson.
Reacción instantánea: vaya, un “famoso”. Una décima de segundo después “-¿y qué?”. Medio segundo después “es interesante observar la reacción de los demás”. Un segundo después “vaya, miran pero le dejan cenar tranquilo”. Tres segundos después “vaya, pobre hombre, entre fotos y autógrafos se le va a enfriar el bife gaucho”. Diez segundos después “vuelvo la atención a mis compañeros de mesa, pero es curioso como esa persona ha equiparado acaparado segundos de mi atención por el mero hecho de ser él.
Anoche me reí un buen rato con el nombre de un plato y la camiseta de un camarero en el restaurante Chino Latino de Minneapolis.
El plato eran los “Phuket Noodles”. Cualquiera que sea bueno en geografía (o que le guste emplear Google o Wikipedia) sabrá que Phuket es una espectacular área del sur oste de Tailandia, con unas playas paradisíacas. Pero claro, ahí está el idioma para causar malos entendidos y chistes divertidos.
Hay 63 en un lado y 63 en el otro.
No puede ser aleatorio. La aleatoriedad no existe. No es que crea en la numerología, pero -¿alguien sabe por qué 63 en cada lado?