El lunes 5 de octubre llevé a mi familia al Sky Garden, ubicado en el 20 de Fenchurch St., Londres. Es el jardín público más alto del Reino Unido, y visitarlo es gratis aunque se requiere una reserva en línea.
Honestamente, me pregunto cómo es que me llevó tanto tiempo visitarlo. ¡Es impresionante!
A pesar de las hordas de visitantes, no se siente demasiado lleno, ofreciendo diferentes niveles y espacios desde donde admirar la impresionante vista de Londres.
No me canso de Oxford. Estar allí es como estar en otro mundo: atemporal, autocontenido, apasionante e intelectualmente estimulante. Y ni siquiera necesitas ser un estudiante o asistir a una conferencia para sentirlo. El domingo 4 de octubre lo visité con mi esposa, mi hijo y mis suegros.
Los llevé al college en el que estudié y a otros, disfrutando de su arquitectura y jardines, maravillado por la increíble cantidad de eventos culturales (principalmente conciertos y conferencias, aunque no tanto arte) que hay para ser un lugar tan pequeño.
El martes 29 de septiembre tuve un par de reuniones en el Ayuntamiento de Londres y en la oficina de London & Partners, para preparar la misión BioJapan y para aprender más sobre el programa de aprendices en el Reino Unido. Las vistas eran preciosas, especialmente al atardecer.
Este verano Londres se convirtió en el escenario de más de 20 esculturas gigantes inspiradas en la doble hélice del ADN realizadas por algunos de los principales artistas, diseñadores y arquitectos, como Ai Weiwei, el Dept. de Diseño de Aston Martin o Zaha Hadid. El miércoles pasado mi esposa y yo fuimos invitados a la subasta de dichas piezas en la legendaria casa de subastas de arte Christie‘s.
Me sorprendió, o más bien “me consternó”, ver que las esculturas de Ai Weiwei se vendieron por sólo unas £ 20.
La semana pasada visité el Museo Imperial de la Guerra de Londres con mi suegro y mi hijo.
Yo soy pacifista, y creo que el complejo militar-industrial es una realidad muy aterradora y abominable. Así que todo lo relacionado con militares me hace estremecer. Pero debo admitir que me sorprendió gratamente este museo. No glorifica a los militares, ni toca la tecla sensiblera del sufrimiento de las víctimas. Se distancia lo suficiente como para ser “objetivo”, mientras es suficientemente humano para transmitir los horrores de las guerras.
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El sábado pasado tuve el placer de asistir al Fin de Semana de Ex-Alumnos de Oxford con mi hijo.
Sabía que no sería el único adolescente allí, pero me sorprendí al ver niños aún más jóvenes que él, acompañando a sus padres. La verdad es que me hubiese gustado llevarlo antes. Al próximo intentaré llevar a mi hija.
Además de la obvia oportunidad de establecer contactos, el verdadero placer fue asistir a interesantes conferencias impartidas por los mejores académicos, ¡y ver a mi hijo realmente interesado en esas conferencias!