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El jueves nuestra amiga Marsha nos invitó a asistir al evento Reapertura del Grand Ballroom en el Hotel Garden City.
Al principio no me pareció tan interesante, sobre todo teniendo en cuenta que teníamos que coger el tren LIRR durante 40 minutos de Penn Station (transbordo en Jamaica) a Long Island. Pero una vez llegamos, rápidamente admití que era una buena idea.
Un gran salón renovado con dos acróbatas, un violín eléctrico y un DJ, con proyecciones de fotografías históricas del hotel de fondo como entretenimiento, y lo más destacado de la noche: la barra de sushi más increíble que he tenido el placer de disfrutar de un lado, y un increíble y delicioso bufete de hors d‘oeuvres del otro.
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Todas las cosas deben llegar a su fin, y este viaje increíble también. Desembarcamos en Seward temprano, mediante un procedimiento sencillo y relajado, encontramos nuestro equipaje de inmediato, y subimos al servicio de transporte que nos conduciría a Anchorage durante las próximas tres horas. Pero en el camino hicimos unas “últimos paradas” donde vimos osos negros y marrones, alces, linces, bueyes, ciervos, bisontes, águilas, búhos…
Hemos tenido el viaje perfecto.
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Antes del desayuno, nos despertamos con el sonido del casco del barco rompiendo placas de hielo en el agua. El capitán nos advirtió que estábamos navegando junto al Glaciar Hubbard, así nos vestimos a toda prisa y subimos corriendo a la plataforma de observación (nivel 12).
Los glaciares son espectaculares. Increíbles. Impresionantes. Y otros adjetivos similares que uno pueda imaginar.
Su intenso color azul se debe a la manera en que se forman: capas y capas de nieve comprime la parte inferior, apretando cualquier pequeña burbuja de aire, hasta que sólo quedan cristales de hielo puro, cristales de glaciares, que son azul hermoso e intenso.
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Como si no hubiéramos tenido suficiente aventura y belleza, Sitka nos esperaba con más.
Temprano por la mañana, después de un desayuno en la habitación, nos embarcamos en el catamarán St. Michael en búsqueda de vida silvestre entre los estrechos pasajes insulares y bahías abiertas del Sitka Sound, con el volcán inactivo Monte Edgecumbe proporcionando un fondo inmejorable para uno de los más bellos entornos costeros del mundo.
En el primer giro vimos un águila calva majestuosa en lo alto de un árbol, su figura perfectamente dibujada contra el cielo claro, y poco después vimos un ciervo nadando de una isla a otra.
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Caviar en blinis calientes y champán Montaudon para el desayuno, mientras atracábamos en Skagway. Esa es la manera correcta de comenzar un día increíble.
Tan pronto como terminamos nuestro desayuno, desembarcamos justo en frente del “”graffitti” que las líneas de cruceros han estado pintando en la montaña (con sus logos, y nombres de los buques y sus capitanes) desde 1928, y fuimos al helipuerto a subir a un Eurocopter que nos llevó, a través de estrechos cañones y valles espectaculares, volando sobre picos muy altos y varios glaciares, al campamento de perros en el Glaciar Denver.
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El 15 de junio nos despertamos en Juneau, capital de Alaska (la ciudad más grande y mejor conocida de Alaska es Anchorage, pero Juneau es la capital oficial).
Después del desayuno, asistimos a una proyección muy exclusiva de una película de animación de 7 minutos llamada “Destino”, una colaboración poco conocida entre Salvador Dalí y Walt Disney que comenzó en 1949, pero que quedó sin terminar hasta 2007, cuando Roy Disney decidió contratar a un equipo de animadores franceses para completarlo.