Nota.- Posteo desde el ordenador de acceos a la red público del hotel, cuyo teclado en Hungaro no tiene acentos [corregido el texto en casa]. Se llama “Web Corner on a Mac”, pero corre con Windows. He reiniciado con opción para ver los sistemas que lleva, pero solo Mac y Windows, y ambos con contraseña (de hecho el Windows con modo quiosco Passman). Tampoco ha funcionado el arranque desde CD para cambiar la contraseña de admin.

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Llegamos el domingo, via el impresionante aeropuerto de Munich. Parece mentira que dos compañías de la misma alianza, sean tan distintas (Spanair y Lufthansa). Directos al hotel, y primera sorpresa. Aunque en alguna ocasión me había pasado que el agua caliente no funcionaba bien, en este caso era lo contrario: lo que no salía era agua fría, y la caliente escaldaba. Además, al ser tan tarde, no tenían un técnico de mantenimiento ni nos podían cambiar de habitación al estar el hotel lleno.

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No pensaba escribir otra entrada con anécdotas de este viaje, pero me han sucedido unas cuantas: Normalmente un “taxi” (coche privado) del hotel cuesta mucho más que un taxi regular (con taxímetro). Pero hoy la pequeña diferencia me ha sorprendido: 26.000COP (8‘64€) el del hotel, 21.000COP (6‘97€) el taxi. Por cierto, ¡los taxis de Bogotá son de los más baratos del mundo! Las carreras de media hora que hacía casi todos los días me costaban 9.

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Tras recuperar sueño e ir a comer ajíaco santafereño, dulce de leches y jugo de curuba en Sopas de mamá y postres de la abuela, ayer acudí con los distribuidores a un par de reuniones. Me llama la atención como en casi todos los edificios de oficinas, el guardia de seguridad lleva un registro de los ordenadores portátiles que salen y entran (con su número de serie y todo), y cómo te piden una identificación con fotografía, que te cambian por un pase de visitante, hasta a salida del edificio.

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Anoche tras todo el día en las oficinas de mi distribuidor en Bogotá, cené con ellos en el restaurante El Armadillo. Interesante (aunque no increíble). Y a dormir, pues me recogían esta mañana a las 8:15 para ir a ver a un cliente. Las cortinas de la habitación no son lo suficientemente opacas, y aquí amanece temprano, así que a las 6 ya estaba despierto. A las 8:15 en el lobby… y el distribuidor no me ha recogido ¡¡¡hasta las 8:55!

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Por hacer “de la necesidad, virtud”, podría buscarle algún lado positivo a estar sólo en una habitación de hotel en otro país y que todos los canales de noticias y documentales están en anuncios: zapeo (para informarme, o entretenerme, mientras deshago la maleta) y encuentro que en la MTV (como arriesgan, descubren, y suelen aportar mucho) están haciendo Fur TV (TV de Ciertopelo). ¡Buenísimo! Comprueba tú mismo lo que molan estos muñecos 😉

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De nuevo a Bogotá. El viaje ha comenzado con mal pie: revisando los documentos (caducidad del pasaporte, reserva de hotel, billetes de avión, etc) anoche, me doy cuenta de que tengo reserva de avión, pero no confirmación de emisión. Llamo al servicio 24 horas de la agencia de viajes, y me confirman que la reserva se canceló, que no se emitieron los billetes. Tras el lógico enfado (tengo delante el email en el que les daba el OK para emitir billetes), la amable operadora se pone a buscarme alternativas: o pasar un día extra (otro fin de semana jodido) y pagar 200 euros más (y otros 200 por la noche de hotel extra) o pagar 1000 euros más y mantener los mismos vuelos.

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Foto de autor

Jorge Cortell

Viviendo

Senior Advisor en los laboratorios de innovación de Harvard University - Advisor en NLC

Cambridge, MA (EE. UU.)