Queríamos hacer un tour por Delhi nosotros dos y un par de amigos, así que hemos decidido intentar contactar con la Delhi Tourist Office, que ofrece unos tours interesantes muy bien de precio. Y digo “intentado” porque tras llamar al número que pone en su web (y probar con y sin prefijos, resultando que hay que quitar el primer prefijo pero dejar el segundo) ha comenzado un diálogo de besugos.
Por fin he montado en un ricksaw. Nada del otro mundo, no me ha cambiado la vida que se diga. Además, no está hecho para gente alta como yo. Y como es abierto por todos los lados, los mendigos te cogen el brazo y te atosigan mucho más que en un taxi con sus ventanillas. Aunque también pasan cosas raras en los taxis. Esta mañana, al ir a mi primera reunión, el taxista me ha pedido que me ponga el cinturón.
Por espeluznante que parezca, otro de los grandes avances de los muchos que nos va a deparar para las neurociencias y la psicología las resonancias magnéticas funcionales (fMRI) es la posibilidad de “ver” al cerebro eligiendo entre varias opciones, en acción. O sea que se puede predecir lo que el sujeto va a escoger, o se puede averiguar si ha mentido.
Según un estudio, en los Ganglios Basales (caudete nucleus) la actividad se incrementa al considerar la opción elegida, y decrece una vez escogida.
Tras una visita a un potencial distribuidor esta mañana a primera hora (en taxi a gas con chófer de Punjab con turbante y bigotes rizados en los extremos), mi chica y yo nos hemos ido a visitar la tumba de Humayu y el Swaminarayan Akshardham, donde por cierto no permiten la entrada de móviles, cámaras, ni nada de nada.
Curioso, hacen como en Cuba: al extranjero le cobran mucho más.
Ayer, tras el desayuno de rigor taxi a la primera reunión (con el consejero económico y comercial de la embajada) y luego al principal hospital de la ciudad para la siguiente reunión.
Por el camino me entero que muchos taxistas (que por cierto llevan el taxímetro por fuera para que nadie lo toque) se desvían del camino más lógico, no por alargar la carrera y cobrar más (te intentan cobrar de más incluso llevando taxímetro) sino porque no veas sus zonas de chabolas (slums).
[Nota.- en cuanto regrese añadiré a este post fotos, pues me he traído mi nueva DSLR , pero me he dejado el cable USB]
Desde la misma llegada, sabes que estás en la India: multitud, esa es la palabra. En inmigración docenas de agentes tramitan a entrada de miles de viajeros a una velocidad de vértigo y con la mayor amabilidad.
Recogiendo las maletas, hasta los mosquitos van en grupos.
Antes de ayer estuve con mi chica en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. En cada puesto había un librero. A la mayoría se le notaba “de la vieja escuela”: poca atención al cliente, aspecto un tanto descuidado, y ensimismados en sus quehaceres.
Estos quehaceres fueron los que me llevaron a la reflexión. Sería fácil suponer que estarían tranquilamente leyendo. Pero no. ¿Qué hacían la mayoría?: Navegaban con sus portátiles y modems 3G.