Hay espectáculos que merecen la pena, y espectáculos que no. Y luego están los que merecen un post a parte.
Ayer tuve el privilegio de asistir con mi chica a la ópera en cinco actos “Faust” de Charles Gounod, con libreto de Jules Barbier y Michel Carré. Y digo privilegio porque fue una interpretación sencillamente exquisita. Absolutamente todo fue excelente, desde la danza a la interpretación, pasando por la orquesta, el coro, la dirección (la musical a cargo de Frédéric Chaslin ya que Lorin Maazel no pudo estar debido a una bronconeumonía), el estupendo maquillaje y caracterizaciones, escenario y atrezzo.
Me gusta el diseño. Me interesa la estética. Pero, si al migrar este blog primero opté por un diseño minimalista (“zen”, reflejando mi espíritu, como me dijo Juan), ¿por qué ahora este diseño aparentemente recargado?
Muy sencillo, la respuesta es que, tras reflexionar sobre ello, entiendo que un blog no debe ser solamente la mera expresión de los gustos y deseos de su autor. De esto se deriva el divismo, el ombliguismo, el egocentrismo, la endogamia…
Todo el mundo debería estar en contra del plagio, y más si creemos que una meritocracia no es una utopía, sino un modelo de sociedad deseable. PERO los extremos suelen ser malos, y los dogmas falaces.
¿Existen casos en los que el plagio pueda ser beneficioso? Ayer encontré uno que sí: MissSushi.
Se trata de un restaurante de sushi nuevo en Valencia (abrió la semana pasada, y de hecho su web no estará operativa hasta dentro de unos días) en la Plaza Cánovas 9.
Hoy no estoy con mi chica, pero por supuesto me gustaría estar. Así que me voy a tomar un té virtual con ella. Eso sí, como es virtual, podemos elegir (gracias, Juan), como la original taza de Jonas Trampedach
O bolsitas de té “con gracia”
Aunque nada mejor que un moruno casero, escuchando la banda sonora de una película coreana, aunque no salga como a los expertos. Lo importante es el ingrediente clave 😉
Normalmente no es así, pero la forma, la estética, puede llegar a superar al fondo, a la esencia.
Un par de ejemplos.
Al pulsar el bote de gel de afeitado, en vez de la típica montaña uniforme y azul, se ha formado en mi mano esta hermosa y curiosa forma:
En la foto no se aprecia muy bien (a esas horas y de la mañana, y con la cámara del iPhone, no se pueden hacer maravillas), pero el gel queda por fuera, y un hilo de espuma va por dentro, apreciándose a través del tubo translúcido.
Siempre me ha gustado comunicarme. Escribir no se me da mal, por lo menos se me da mejor que pintar o esculpir. Pero hay que reconocer que el caracter casi-unívoco, casi-objetivo, y generalmente-vulgarizador de las palabras limitan su capacidad de comunicación en circunstancias especiales. En esos casos me suele venir a la mente una imagen visual, gráfica, evocativa, sutil… y mi incapacidad para plasmarla plásticamente me solivianta.
Entonces, a veces, la casualidad hace que te topes con una de esas imágenes que alguien ha captado o plasmado, sintiendo lo mismo, o queriendo comunicar otra cosa.