Alberto me comenta que hoy “deciden” los parlamentarios franceses sobre la “legalidad” del uso no comercial de las redes P2P para intercambio de archivos culturales. Como es lógico, ellos dan su opinión con dinero: si lo aprueban, proponen una tasa “tarifa plana”, y si lo rechazan, pues a prohibir que es más fácil.
Lo que han de tener en cuenta es que los tribunales YA han hablado. Ayer mismo (eso se llama perfect timing) el Tribunal de Grande Instance de Paris decidió que “Antoine G” acusado de transmitir más de 1.
Es curioso que bandos opuestos (e incluso enemigos declarados) en un debate teórico, “se sientan " a una “mesa virtual” para compartir espacio de comunicación a través de la publicidad.
Dos ejemplos:
– En esta página de El País online habla del grafitti como arte y cultura (algo con lo que estoy 100% de acuerdo -¡go spray!). Y sin embargo, al pie de la misma aparecen anuncios (via Google) “antigrafitti” (curioso, que según dicho artículo serían anuncios “anticultura”).
Los “creyentes” creen en un Dios (le llamen como le llamen). Pero hoy en día el único Dios que SABEMOS a ciencia cierta que nos observa desde lo alto son los satélites. Muchas veces he comentado el peligro que un mal uso de los mismos significa (para la privacidad sobretodo). El visionado de la película (ya desfasada, pero en su época totalmente fideligna por increíble que parezca) “Enemigo Público Número Uno” (“Enemy of the State”) con Will Smith, nos dará una idea.
Leo en Red Herring que los políticos norteamericanos están practicando vandalismo online (entrando desde el Senado y el Congreso norteamericanos a páginas de Wikipedia sobre sus rivales para cambiar las definiciones y llenarlas de insultos).
Vergonzoso.
Realmente necesitamos una nueva clase política. Hombres de estado que se preocupen menos de la “competencia” (otros poartidos) y el “mercado” (votos), y más sobre sus conciudadanos y el bien común. -¿Tan difícil es?
Según Josh Lerner, Profesor de Banca de Inversión de la Cátedra Jacob H. Schiff de la Harvard Business School, y autor, junto con el profesor Paul A. Gompers (también de HBS), de The Money of Invention, “Some companies patent anything that moves to block innovation by competitors”. Se puede decir más alto pero no más claro. Y yo puedo ser un radical, un indocumentado, y todo lo que se quiera decir de mí, pero este señor sabe lo que dice.
Si creíais que la guerra contra la patentabilidad del software había acabado, atentos a esto que envía Alberto Barrionuevo:
[…] conferencia a lo grande que han organizado los pro-patentes de software el próximo día 8, miércoles, en la Escuela de Organización Industrial, auspiciada por el Ministerio de Industria. Pretenden relanzar las patentes de software por medio de la Directiva de Patente Comunitaria. Los que quieran asistir, por favor que me lo diga para coordinarnos.
Como dide el título de este post, esto es un ejemplo de cómo “los poderosos” te pueden quitar el nombre, pero también una oportunidad para organizarnos y contraatacar. Me gusta el símil de las hormigas de Mute: somos muchos, y si nos organizamos, indestructibles.
Os expongo el caso en palabras de la persona que está sufriendo esta terrible injusticia, y luego que cada cual proponga soluciones (comentarios tipo “qué putada”, “menuda injusticia”, “ladrones”, etc abstenerse, pues todos sentimos la misma ira contenida, pero lo que hace falta son soluciones), como por ejemplo el crear un banner y que corra por la red, un fondo para la defensa del internauta, una lista de abogados que colaboren desinteresadamente en estos casos, etc.