Si entendemos por normalidad “que se ajusta a las normas” o “natural” (lo cual no deja de ser “que se ajusta a las normas de la naturaleza”), debemos demarcar el ámbito y rango normativo, pues todo lo que esté dentro de ello devengará en normal. Se contemplará el rango.
Si, por el contrario, como se hace habitualmente atendiendo a su connotación, entendemos como normalidad lo común, frecuente, habitual, o estadísticamente recurrente con los índices más elevados, entonces estamos restringiendo y reduciendo dicho ámbito.
Hasta a la hora de bautizar hexápodos, parece que el llamar la atención, en la famosa economía de la atención, es lo que cuenta. O eso, o es que los científicos hen de demostrar que son muy geeks. En cualquier caso ¿un nombre es una convención, sirve una función más allá de identificar, en quién debe recaer tal responsabilidad…?
Por cierto: un Gollumjapyx smeagol es una especie de hexápodo dipluro cavernícola carnívoro de la familia Japygidae, que habita (dónde si no podría habitar algo con ese nombre) en cuevas de Castellón… (más info: WikiPedia).
De un ma libro (“All Things Shining: Reading the Western Classics to Find Meaning in a Secular Age”) escrito por buenos autores (Hubert Dreyfus, Profesor de Filosofía de la Universidad de Berkeley, y su ex-alumno Sean Dorrance Kelly, ahora Director de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Harvard) saco esta interesante frase:
“Deberíamos preocuparnos menos por generar sentido, y más por discernirlo y cultivarlo”
Nos estamos matando. No nos gusta hablar de eso. La muerte, en sí, es tabú, da miedo, y la evitamos hasta simbólica y metafóricamente.
Pero no sólo es llamativo el suicidio indirecto (malos hábitos de consumo, de salud, ceguera medioambiental…). También directamente. Suicidio.
Si todos los instintos de nuestro sistema mental están organizados al rededor de la supervivencia, tanto personal (huir del peligro, alimentarnos, etc) como genética (descendencia, por ello la procreación), ¿cómo puede ser que lleguemos a quitarnos nuestra propia vida?
Nos encanta proyectar: en x años el Sol consumirá la Tierra…, en x años no quedarán animales de tal o cual especie…, en x años…
Bueno, pues aquí va otra: en x años todos estaremos en la cárcel. Absurdo, lo sé, pero no por ello la información factual que lleva a esa disparatada conclusión deja de ser preocupante.
Las poblaciones carcelarias son un problema en todo el mundo. No decrecen, ni mucho menos.
El otro día estuvimos en una conferencia de Ignacio Ramonet (Le Monde Diplomatique), en la que se supone que hacía recapitulación de conferencias anteriores del ciclo sobre nuevas utopías, aunque en realidad fue un cocktail compuesto de 30% de historia de la utopía, 60% de “el estado del mundo”, y 10% de utopías varias.
Lo que me entristeció, entre otras cosas, fue que en no se habló de la participación.
Impresionante documental sobre la obsolescencia programada (gracias Ana).
¿Cuánto de lo que deseamos no nos es necesario?
¿Cuánto de lo que tenemos nos sobra?
¿Cuánto necesitamos de verdad?
Se me ocurren mil cosas que podemos hacer para recuperar un poco de equilibrio en la absurda carrera desear-trabajar-endeudar-comprar-consumir-tirar. Voy a preparar un post más exhaustivo sobre el tema, pero por ahora ahí va esto, que practico desde hace más de un año: cuando compres un objeto de consumo (ropa, juguetes, etc), deshazte (da a los más necesitados, recicla, etc) de dos.