Hay muchos tipos de amor: de pareja, romántico, platónico, paterno/materno-filial, comunitario, espiritual…, pero parece ser que las formas de expresarlo son menos (aunque no por ello limitadas ni poco variadas).
Mila, una amiga psicóloga, me explicó el otro día que hay cinco formas expresar AMOR:
De forma física: arrumacos, caricias, miradas, besos, cópula, masajes, abrazos… ¡qué os voy a contar! Pero, sobretodo los hombres, recordad que “sexo” no es necesariamente igual ni reducido a “genital”.
Haría falta un breve curso de economía, otro de historia, otro de filosofía, y otro de psicología para poner en contexto este post. Así que cada cual que saque de él lo que pueda/quiera/sepa, pero yo voy al grano, que esto es un blog, no un libro.
Norm O. Brown, en “Eros y Tánatos. El Sentido Psicoanalítico de la Historia” (Ed. de Belloch, p. 290) cita a Polanyi (al cual apoya Herskovits) en lo siguiente:
¿Qué tienen en común estas imágenes?
De Ulam a Kurzweil llevamos más de medio siglo debatiendo sobre lo obvio y aparente: la aceleración del cambio.
Se puede estar más o menos de acuerdo. Se puede ser más conservador o catastrofista con las predicciones. Pero lo que no se puede es negar el impacto que la aceleración del cambio, y la temida y anticipada singularidad, están teniendo en nuestra sociedad. Muchos, como Toffler o Naisbitt, se aventuran a especular sobre las sociedades post-industriales.
Tal y como comenta en Nietzsche en “The Philosophy of Nietzsche” (compendio de 5 de sus obras publicado en 1927 por Ed. Modern Library, NY, pp. 668-712), la civilización contemporánea se siente en deuda con sus antepasados. La acumulación de cultura nos genera un sentimiento de deuda, que aumenta con nuevas generaciones. Así que a mayor acumulación de civilización, mayor acumulación de culpa.
Por supuesto artificios como el cristianismo o el copyright juegan con esa culpa, con esa deuda, para establecer su reinado de represión, manipulación y exigencia de retribución, en modo de “ofrendas” (royalties, cánones, rezos, plegarias, sacrificios, comportamientos mediados…) y establecimiento de sus intermediarios “oficiales” (Iglesia como la Católica Apostólica Romana, o Sociedades de Gestión como SGAE), sus mediadores e intérpretes de la sagrada doctrina de la inalcanzable redención de la culpa.
Las canciones te lo proponen (Actualización, gracias Ana, aquí le va perfecta la burla de Eminem en este vídeo), los anuncios hacen que lo desees. Los programas de TV te lo muestran como si pasase todos los días. Pero NO. No vas a ser una estrella. Ni de cine, ni en la pasarela, ni con la guitarra, ni sobre el césped.
Los niños crecen pensando que van a ser estrellas de la pantalla, de la cancha, o de la pasarela.
Todos lo hemos dicho o escuchado alguna vez: vaya mierda de vida, de mundo, de tío, de partido, de…
Pero seamos justos y correctos.
• “La vida” no es una mierda. ES. No se le pueden atribuir cualidades y características derivadas de juicios o valoraciones, porque es un absoluto. Además es demasiado extensa como para categorizarla. Todos los seres vivos tienen vida. Así que juzgarla por la experiencia de los eventos ocurridos y circunstancias que rodean la vida de uno, de sus allegados, o incluso las que ve en TV o sigue por la red no tiene sentido alguno ni validez estadística.