Lo reconozco: desde hace años tengo la sensación de que me estoy perdiendo algo, de que me estoy quedando atrás. Por eso cuando encuentro una fuente de cultura (información, arte, ciencia o lo que sea) suficientemente original, refrescante, y actualizada, me encanta.
Radio3 es una de las pocas cosas de las que los contribuyentes españoles, que pagamos los excesos y el comercialismo general de RTVE, podemos sentirnos orgullosos. Pero ahora resulta que nos la quieren quitar.
El viaje ha comenzado con pequeñas anécdotas sin importancia (el Consejero Delegado de Air Nostrum, mi vecino y cliente, ha volado en el mismo vuelo que yo, pero a él le ha recogido un coche a pie de avión mientras los demás nos mojábamos al subir al bus con lluvia).
El Madrid-Caracas ha sido un vuelo sin más curiosidad que una tripulación mayor, cansada y malhumorada, y un sistema de seguimiento de vuelo que no paraba de mostrar “Invalid” sobre cada punto del mapa que sobrevolábamos (qué tranquilidad da eso).
Esta foto de AFP (familia camboyana que decide salomónicamente repartir la casa por divorcio) es muy ilustrativa.
En un divorcio, por muy civilizado y acordado que sea el proceso, por muy consensuado que sea el convenio, por muy bien que se lleve la pareja que se separa… el resultado final deja esta sensación: rotura, fracción, herida.
Es un proceso por el que nadie en su sano juicio debería pasar por pequeños motivos.
Desde la conexión habitual (casa, trabajo…) todos lo sabemos. Pero cuando estás en la oficina de un cliente, en un aeropuerto, o en un hotel, a veces falla el correo pero no te da un mensaje de error adecuado.
Ahi entra la Predictibilidad del Resultado Protocolario. Básicamente significa que si cada vez que te caes te haces daño, puedes inferir que la próxima vez que te caigas te harás daño (no que porque te duele algo te has caído).
Nos conformamos. Contínuamente nos conformamos. Creemos que porque tenemos la posibilidad de escoger (ya sea en unas elecciones en “democracia representativa” cada 4 años, ya sea el modelo de un coche que sólo se distingue del otro en un alerón, o en licencias varias) somos libres. Y la libertad no tiene nada que ver con ello.
La libertad es la capacidad de decidir, sin un rango limitado, sin unas opciones preconcebidas.
En GNU/Linux me han pasado pocas cosas raras, la verdad. Lo peor me ha pasado con XConfig de Makefile (recuerdo a alumnos y profesores de una facultad de informática en universidad catalana que no mencionaré peleándose con mi Debian hasta que se rindieron; para impartir la conferencia tuve que emplear la copia de seguridad en PDF que llevaba en una llave USB).
En Mac OSX hace años me dio un cuegue con kernel panic que me costó todo un día diagnosticar: fue una fuente corrupta del sistema.