La “propiedad intelectual” se ha convertido en tema de campaña. Tema “menor”, pero por lo menos se habla de él.
Del PSOE no hace falta decir mucho: las cosas están como están por ellos (principales artífices de las leyes anteriores y de la reforma, principales compañeros de cama de las suciedades de gestión, y los más vulnerables a la foto y presión de los famosillos y artistas de turno). Juzgue usted mismo.
No quise hacer ni comentario del “debate” porque me pareció un patético cruce de “tú lo has hecho mal” “pues tú lo hiciste peor” digno de un patio de colegio.
Tampoco me gusta, ni me ha gustado nunca, la concentración de opciones (de hecho, por principio me opongo a los “sistemas democráticos representativos”). Pero dentro del bipartidismo, hay muchas formas de hacer las cosas.
En España, por ejemplo, tendemos a la absoluta y completa polarización.
Amimusa me avisó sobre este documental y los pases que se han programado a nivel mundial para el día 15 de marzo (merece la pena que organicéis uno y se lo digáis a todo el mundo). Pero no podía ni imaginarme cómo sería.
Sublime. Sobrecogedor. Impactante.
Michael Moore es un aficionado al lado de esta gente. Perfectamente basado en datos sólidos (algunos los conocía, otros los he contrastado, y asumo que el resto son igual de fiables, aunque siempre haya que desconfiar), y eliminando los absurdos 3 primeros minutos que harán que más de uno no le de la oportunidad que merece, este documental es lo mejor que he visto hasta el momento.
Ayer fue un día bien cargadito. Y pese a que en realidad no tengo nada que contar (todavía), a la vez no puedo morderme la lengua.
Por la mañana estaba “conspirando” contra las multinacionales del software privativo en un determinado sector. En conjunción con un cliente clave de ese sector, planeábamos el demostrar que por primera vez es posible una solución completa e integral en software libre. Es uno de los pocos sectores donde el software libre tiene una presencia casi inexistente.
Alexey Leonidovich Pazhitnov, creador del juego Tetris, dice en esta entrevista a Jordi Sabaté (para Consumer) que “El software libre sólo es una rebeldía estéril”.
Soy el primer admirador de Tetris. Reconozco haber pasado horas y horas “enganchado” a los bloques que caen. Admiro a quien ha creado algo tan sencillo e impactante, que tanta influencia ha tenido en el mundo de los videojuegos… pero este señor no es precisamente un genio.
El atelier de Giancarlo Fitti es uno de esos lugares que te hace sentir especial. El hecho de que sea un artista que huye de la masificación y de la popularidad hace que mucha gente no lo conozca, aunque esté en pleno Manhattan (tiene otro en Paris). De hecho, a muchos de sus clientes (entre los que se encuentran desde famosos de Hollywood hasta marchantes londinenses) les place enormemente que no se emplee su nombre como referencia, o que no haya siempre una legión de paparazzi apostados en su puerta.
Sé que la he visto. Aparece recurrentemente en mis frecuentes pesadillas, pero sé que la he visto antes en un film de animación. De pequeño veía tanto cine o más que ahora. Incluso cosas que los niños no deberían ver hasta más mayores. Siempre pensé que la escena en cuestión era de la producción francesa de animación Metal Hurlant (Heavy Metal), pero he repasado sus guiones y no aparece. ¿Dónde he visto la escena de un corredor de carreras de vehículos veloces en el futuro, que ve cómo su nave/coche se incendia, pero desea tanto ganar que cruza la meta su fantasma?