Las bibliotecas existen desde hace siglos. Nadie duda de su incuestionable labor en pro de difundir la cultura y permitir el libre acceso a la misma. Tampoco se le había ocurrido a nadie pensar que las bibliotecas pudiesen mermar las ventas de los libros. Al contrario, son un excelente vehículo de promoción de la lectura, y como tal potenciador de las ventas (igual que la radio lo es para la venta de discos).
En su línea amenazadora y pleiteante, la SGAE asegura a Tele5 que “van a llevar a los tribunales a todas las páginas webs donde se insulte o se calumnie a esta organización o a sus directivos”.
Eso es una espléndida noticia que merece todo mi respeto. Respeto por emplear los recursos que el estado de derecho pone al alcance de cualquier ciudadano o institución. Y espléndida por muchas razones:
– Quizá en esos juicios se permita aportar pruebas que demuestren a los jueces lo que realmente son en la SGAE.
Leo en Red Herring que los políticos norteamericanos están practicando vandalismo online (entrando desde el Senado y el Congreso norteamericanos a páginas de Wikipedia sobre sus rivales para cambiar las definiciones y llenarlas de insultos).
Vergonzoso.
Realmente necesitamos una nueva clase política. Hombres de estado que se preocupen menos de la “competencia” (otros poartidos) y el “mercado” (votos), y más sobre sus conciudadanos y el bien común. -¿Tan difícil es?
Según Josh Lerner, Profesor de Banca de Inversión de la Cátedra Jacob H. Schiff de la Harvard Business School, y autor, junto con el profesor Paul A. Gompers (también de HBS), de The Money of Invention, “Some companies patent anything that moves to block innovation by competitors”. Se puede decir más alto pero no más claro. Y yo puedo ser un radical, un indocumentado, y todo lo que se quiera decir de mí, pero este señor sabe lo que dice.
Albert Einstein fue un genio, sin duda. Un Ser Humano, con mayúsculas (con sus dudas, sus fallos, sus innegables grandezas y genialidades, una mente privilegiada digna de admirar). Por eso me duele, me duele mucho que este mundo mercantilista se atreva a cosas como esta:
https://albert-einstein.org/
Esta web, horrorosa donde las haya (pero para eso el copyright les otorga un monopolio que hace que no se tengan que preocupar por otras webs más atractivas e interesantes sobre Einstein) explica claramente cómo Albert Einstein donó, en su último testamento, el copyright de todas sus obras a la Universidad Hebrea de Jerusalén.
No consigo entender cómo es posible que el Código Penal español recoja como delito la diseminación de información sobre cómo acceder a redes de pago sin pagar. -¿Qué hay de la investigación, qué hay de la libertad de expresión? Pasen y lean (artículo 286):
_“1. Será castigado con las penas de prisión de seis meses o dos años y multa de seis a veinticuatro meses el que, sin consentimiento del prestador de servicios y con fines comerciales, facilite el acceso inteligible a un servicio de radiodifusión sonora o televisiva, a servicios interactivos prestados a distancia por vía electrónica, normalmente contra remuneración, o suministre el acceso condicional a los mismos, considerado como servicio independiente, mediante:
Si creíais que la guerra contra la patentabilidad del software había acabado, atentos a esto que envía Alberto Barrionuevo:
[…] conferencia a lo grande que han organizado los pro-patentes de software el próximo día 8, miércoles, en la Escuela de Organización Industrial, auspiciada por el Ministerio de Industria. Pretenden relanzar las patentes de software por medio de la Directiva de Patente Comunitaria. Los que quieran asistir, por favor que me lo diga para coordinarnos.