Juan me envía un enlace a una noticia en la que se dice que “La SGAE plantea un canon extra para “permitir” el intercambio de archivos, ya que un instituto de estudios vinculado a la SGAE ha publicado un libro en el que se estudia el fenómeno de las redes P2P. Tras reconocer que quienes las usan no cometen delito alguno y que el derecho a la privacidad impide espiarlas, se concluye con varias alternativas para tratar el fenómeno, entre las que estaría la imposición de una nueva tasa que se añadiría al canon digital”.
Ana María (y David) me envían un enlace a este post donde se relata cómo un empresario, amenazado por una demanda por no pagar canon, mediante su abogado negocia un acuerdo y en ese acuerdo “el cobrador del frac” (o sea, la suciedad de gestión correspondiente) le quiere cobrar 60.000 euros por “servicios de asesoramiento y auditoría” (que supongo no van a parar a los bolsillos de los socios, sino a otros bolsillos).
Según el informe Peacekeeping Budgets and Personnel Soar to New Heights, del Vital Signs Update – Worldwatch Institute, el mundo se gasta 228 veces más en operaciones militares que en operaciones de paz de las Naciones Unidas (en 2006). La misiones de paz de las Naciones Unidas en el mundo entre julio de 2007 y junio de 2008 se espera que sean 7.000 millones de $ —en 2006-07 fueron 5.600 millones de $.
Desde hace unos días mi clave API de WordPress es rechazada sistemáticamente por el sistema antispam Akismet. He probado de todo: usar la clave de otro, generar una clave nueva, analizar logs, mirar en foros…
No es que se acabe el mundo, pero desde que no funciona, todos los comentarios (excepto de usuarios registrados que ya hayan publicado un comentario anteriormente) pasan a la cola de moderación. Los “legítimos” y el spam.
No me refiero a las campañas publicitarias de los partidos políticos (que, por cierto, suelen ser penosas en casi cualquier caso… lo cual demuestra que igual que en las campañas de detergentes, intentan llegar a todos, asumiendo que el “común denominador” es realmente bajo, y aunque así lo sea, no hacen nada por elevarlo).
Me refiero a las propuestas de “fomentar la participación en democracia mediante el marketing”. O sea, que la gente vote cada 4 años (a eso le llaman participación) a un reducido, impermeable y endogámico grupúsculo de lameculos prepotentes (a eso le llaman democracia) gracias a publicidad a saco, lavado de cerebro mediático, y propaganda (a eso le llaman marketing).
Anita, Azelga, Chemu, Chiqui, Danilo, Juancho, Lucía, Mao y Zulo, bajo el nombre Canteca de Macao han demostrado que se puede pasar de desconocidos tocando en un mercado madrileño, a grupo fichado por una discográfica multinacional (Warner-Dro), sin perder sus principios ni vender su alma al diablo.
Con su primer trabajo, Cachai, estuvieron de gira por media España y vendieron 4.000 copias sin más distribuidor ni punto de venta que las taquillas de las salas de conciertos donde actuaban.
Está más que demostrado que la “Industria Discográfica” llega tarde (y mal) al ajuste de las nuevas tecnologías. Lo que también está claro es que a estas alturas deberían haberse dado cuenta de que cuando uno se encuentra en el “negocio” del “contenido” en el siglo XXI, no tiene más remedio que ser un experto en tecnología, o contratar a quien lo sea.
Pero no. Ellos no. Ellos lloran, amenazan, presionan, abusan… lo que sea con tal de seguir anquilosados en principios del siglo XX (cuando dominaban y abusaban de todo: mercado, artistas, consumidores, legisladores, y tecnología).